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28 nov 2012


Barcos sobre el agua natal. Antología de poesía hispanoamericana desde el siglo XXI. Un viaje por dos continentes y una misma lengua 


Cuarenta y cinco poetas jóvenes de España e Hispanoamérica integran la obra "Barcos sobre el agua natal: antología de poesía hispanoamericana para el siglo XXI", un libro que conjunta obras poéticas del continente Europeo y Americano. 

Se trata de una antología que integra obra de poetas jóvenes, nacidos entre 1971 y 1983, que, de acuerdo con Rafael Saravia, es capaz de "sostener todas las subjetividades posibles y también todas las maneras de concebir la poesía que hoy se hace en lengua española". 

Este libro, publicado por Ediciones Leteo (León) y editorial Proyecto Literal (Ciudad de México), ofrece una revisión de las poéticas emergentes de dos continentes y una misma lengua. 

La coordinación y selección de este libro de casi cuatrocientas páginas corre a cargo de la escritora, editora y gestora mexicana Jocelyn Pantoja y del español Rafael Saravia. 

La obra se presentará por vez primera el 28 de noviembre a las 19:00 hrs en el café bar "Las Hormigas" de la Casa del Poeta Ramón López Velarde y, posteriormente,en la Feria Internacional del libro en Guadalajara el 30 de noviembre a las 18:00 hrs.

22 nov 2012







Fragmentos de las Presentaciones:

VOLVERÉ Y SERÉ LA MISMA: Marosa di Giorgio publicada por primera vez en el Ecuador 
Por Aleyda Quevedo 

En la historia del arte Marosa di Giorgio (Salto, Uruguay, 1932 – Montevideo, 2004) encarna en un solo ser: personalidad irrepetible y potencia poética y narrativa, originalísimas. 
Fue en el 2001, durante mis días de estancia como poeta invitada al Festival Mundial de Poesía de Medellín, cuando la conocí y tuve el privilegio de conversar, desayunar con ella, pasear y contemplarla, en uno de sus performances naturales: maquillarse. 
Nunca olvidaré esa manera tan suya de vestirse para los recitales de poesía. Ella elevó la lectura de poesía a una gala sagrada. Esa manera tan particular de vestirse y tan suya, como si se tratara de encarnar el personaje de una bruja roja e iluminada por hadas del bosque, y ese trato delicado y sus expresiones cultas, que atraían a todos. Un verdadero enriquecimiento espiritual fue para mí compartir con ella en ese inolvidable festival, hoy por hoy el más importante, grande e influyente del mundo contemporáneo. 
Ella es alguien que vivió sus propios sueños y los puso en versos de un tono raro y que ahora es canónigo. Escribió su propia vida que se hizo poemas y profundizó en su propia obra que fusionó todas las líneas de la narrativa y la poesía. Invocar la INFANCIA es uno de los ejes de su obra, con esos pies delgados de pasar por la vida como un ángel exclusivo, trayendo las palabras del poeta Eduardo Espina, quien fue su amigo personal y es uno de los que más conoce su obra. 
Ahora, para seguir alimentando nuestro animal sagrado, Marosa di Giorgio llega a la mitad del mundo, a sus lectores del Ecuador, bella y sobriamente editada por Fondo de Animal Editores, y es la primera criatura poética impresionante que inaugura la Colección AVE ROC. Bautizada así por los editores de Fondo de Animal, por un verso de Marosa, que ustedes descubrirán en este libro justo y fascinante, que bajo el talento creativo de Isabel Mármol, nos transporta a mirar de frente a una de las aves más originales, raras y cautivantes de la poesía universal: Marosa, esa Marosa inolvidable e imprescindible. 


FONDO DE ANIMAL, UNA LECCIÓN PARA LOS DILETANTES
Por Marcelo Báez Meza 

Fondo de Animal es la primera editorial internacional en Ecuador. Es el proyecto más ambicioso que se ha dado en Ecuador en los últimos 25 años, después de que Oveja Negra publicara con El Conejo una colección escritores ecuatorianos a fines de los años ochenta. 
Fondo de Animal va más allá. Apuesta por publicar a poetas internacionales. La colección Abraxas, como su nombre lo dice, abraza a dos poetas de diferentes nacionalidades y los reúne en tomos breves, con un paginaje que no llega a las cien páginas. Son ediciones funcionales, elegantes y completamente dúctiles. En cada volumen se abrazan dos poetas: uno de vanguardia y otro de retaguardia si somos respetuosos con los términos exactos de la historiografía literaria. En cuanto al contenido no se puede pedir otra cosa. Estamos ante poetas que asumen riesgos. No se trata de experimentos formales como los que acostumbran los poetas locales. Estamos ante discursos sólidos, maduros, que no se basan en juegos pirotécnicos típicos de nuestro medio. Se trata de un sello que busca ofrecer una panorámica de la poesía hispanoamericana. 
El libro de Eduardo Espina y Rodrigo Flores destaca por su cercanía a la prosa poética, por esa atracción hacia el abismo. Forma y fondo juegan en el uruguayo y el mexicano sin ser excluyentes en ambos discursos. El tomo 2 de la colección Abraxas está a cargo del peruano Róger Santiváñez y el chileno Héctor Hernández Montecinos. El peruano simula ser un poeta de corte clásico con una métrica aparentemente tradicional. Esto lo hace más moderno que nunca. El chileno, después de su prólogo de prosa poética sin puntuación, hace que su discurso poético mute en un verso libre de gran poderío con reminiscencias grecolatinas. El tomo 3 de Abraxas contrapone al argentino Mario Arteca y al peruano José Carlos Yrigoyen. El rioplatense hace desfilar una miríada de referencias intertextuales sobre la historia del arte, específicamente sobre las vanguardias. El poeta del incario gusta del verso libre de largo aliento, con una poesía sincopada que parece en todo momento jazz. 


CARTA CIRCUNSTANCIAL A UN AMIGO SIN MERIDIANO EN EL ECUADOR
Por Rodrigo Flores Sánchez 

Como lo quería Rimbaud, tu poesía es fruto de una deliberada desorganización. Justo al releerte, pensé en algo que dice el filósofo italiano Giorgio Agamben, en su extraordinario ensayo Lo que resta de Auschwitz. El archivo y el testimonio: “El gorgóneion, que representa la imposibilidad de la visión, es aquello que no se puede no ver”. Es decir la medusa no es aquello que nos provoca la ceguera, sino lo contrario: al encontrarnos con ella ya no podemos desistir de mirar, de mirarla. Sin embargo, la paradoja consiste en que al no poder dejar de observar estamos impedidos de visión. Y es que en efecto, aunque tal vez me equivoco, la tradición de escritura en que te inscribes apuesta por sustituir el ojo por la pluma, y la visión por la pluma. ¿Recuerdas esa famosa carta de Arthur Rimbaud a su antiguo profesor donde el adolescente francés afirma: “Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente”? En su texto “Los estados del yo ante la experiencia del efecto”, sobre Los diarios sumergidos de Calibán, cuarto libro de tu antología, Eduardo Espina ensaya la siguiente idea, la borradura: “Esta estrategia de inscripción y borramiento simultáneos atenúa la entelequia insinuando hacer su aparición en cualquier momento. Paradójicamente, la inminencia de ese algo se vislumbra mejor cuando está a punto de desaparecer y lo incomprensible de la actividad del pensamiento deviene escritura tras haber quedado incumplida su actividad. La modulación de la voz es la narrativa de un registro performático. ¿Cuándo acaba, cuándo termina?” 
Coincido con estas palabras. A lo largo de estos cinco libros hay síntomas claros de esta situación, de un extravío y una oclusión conseguida a fuerza de una desmesurada apertura verbal. En Monsieur Monstruo, tercer título de esta compilación, dices: “Muchas veces te has preguntado si alguna vez podrás dejar de corregir tu pasado mientras lo vas contando”. Luego más tarde, insistes: “Supe que te amaba cuando perdiste el rostro”. Existe una constante preocupación y una nítida conciencia por la fisura definitiva entre testimonio y escritura, un conocimiento trágico, en consonancia con el ciclo histórico de las vanguardias, de que escribir conlleva a la autodestrucción, y desde luego que no me refiero a la romántica muerte del vate, del rapsoda iluminado, del tiernísimo beatnik, del ingenuo bukowskito, que hoy tanto pulula en las letras latinoamericanas, sino de la devastación del testimonio en favor de su devenir ficción: vida o escritura/ vida y escritura/ vida ≠ escritura. 
Había leído algunos libros contenidos en tu antología por separado, pero ahora lo hago en conjunto y mi conclusión es que, a diferencia de quienes opinan que cada uno es insular, para mí pertenecen a un work in progress que no has concluido y que no puedes ni debes concluir. Si en Fundación de la niebla, prima un testigo, casi siempre en forma de segunda persona, que vislumbra, tras la espesura, “una brutal invitación al infinito”, en Demonia Factory, mi libro preferido, existe una suerte de desdoblamiento, de espejos que conducen a otros espejos, de pasadizos que sólo remiten a la tautología. Ahí, cada texto despliega su propio reflejo y la propia anulación de ese reflejo: “Este espejismo que conversa contigo en esta Isla forjada por esqueletos”. Monsieur monstruo lo leo como un título gemelo, de intensidad parecida, sólo que si en Demonia Factory cada uno de los textos era una pieza de un inextricable laberinto, en este volumen lo es cada frase, cada partícula de sentido: Funes el memorioso en un matrimonio ilegítimo con Pierre Menard, autor de ti mismo. En estos cuatro primeros libros es posible observar una rotación de la figura del testigo: el observador que se mira a sí mismo y, al hacerlo, se anula. Se comienza observando tras la neblina y se termina con la mirada atada al mundo.

20 nov 2012


Nació en 1982 y se llama Javier Alvarado. Poeta panameño que, a pesar de su edad, ha recibido entre los reconocimientos más destacados el Premio Nacional de Poesía Pablo Neruda 2004; Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán (poesía, 2011) y una mención especial del reconocido Premio Casa de las Américas (2010). Alvarado ahora se encuentra en Nicaragua y recibirá ni más ni menos que el valioso Premio Internacional Rubén Darío (2011).


Alvarado ahora se encuentra en Nicaragua y recibirá ni más ni menos que el valioso Premio Internacional Rubén Darío. Su poemario ´El mar que me habita´ fue ganador, según criterio de los jurados Helena Ramos, Erick Aguirre y Antonio Preciado, “por su inalterable unidad temática, de sostenido aliento y un adecuado manejo de los recursos expresivos”, algo que el mismo poeta hispanoamericano refiere en la siguiente entrevista:

¿Qué significado tiene para usted el Premio Internacional Rubén Darío?
Este premio para mí tiene un gran significado, el nombre y la figura de Rubén Darío, a nivel de Nuestra América Latina, ha significado mucho para nuestras culturas; es un premio que conocí estando adolescente, leyendo el libro Juana y otros poemas personales, de Roberto Fernández Retamar, y nunca esperé ganarlos, y ahora es algo especial para mí.

Durante este tiempo que ha estado en Nicaragua, ¿cómo se ha sentido?
Me he sentido, de verdad, con un calor de un pueblo hermano, de un pueblo amigo, ya esta es mi quinta vez que vengo a Nicaragua; ya había estado durante el Festival Internacional de Poesía en Granada, y me he sentido muy identificado, pues los panameños y nicaragüenses tenemos muchas similitudes.

¿Qué puntos de vista puede compartir de la actual literatura latinoamericana?
Es una literatura interesante, en el norte, centro y sur de la región hay diferentes corrientes, diferentes estéticas; y solamente el tiempo dirá lo que quede, lo que signifique y vaya a ser valorado, y que los estudiosos ya vayan procediendo a las instancias para valorar esta literatura, la cual es muy valiosa. Hay una poesía joven muy interesante, y la cual busca nuevas formas, pero siempre hay nuevas búsquedas. Es una literatura muy interesante la que se está fraguando en América Latina y El Caribe.

¿Hay algunos autores que le interesen por sus particularidades?
Sí, puedo hablar de la poesía de Ernesto Carrión de Ecuador, la poesía del chileno Héctor Hernández Montecinos, Luis Manuel Pérez Boitel de Cuba, entre muchos otros.

En Nicaragua ¿qué poetas y tendencias literarias le han llamado la atención?

Me he preocupado por conocer a fondo la literatura nicaragüense, y puedo hablar de Rubén Darío, Alfonso Cortés, Salomón de la Selva; la Vanguardia nicaragüense con José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos, Pablo Antonio Cuadra y Carlos Martínez Rivas.

¿Qué criterio tiene en relación al reciente Premio Nobel otorgado al chino Mo Yan?
Creo que del Premio Nobel podemos estar tan cercanos pero a la vez tan distantes, parece mentira que a veces ciertos autores no nos llegan a nosotros (los latinoamericanos) y creo que el Premio Nobel viene a acercar a esos autores de latitudes tan extensas a nosotros, y hacerlos nuestros y asimilar nuestras culturas; en mi caso, yo no conocía a Mo Yan, pero me llamó mucho la atención cuando reveló que su trabajo literario tiene influencias de Gabriel García Márquez, entonces quiere decir que algo de América Latina está también en Asia. 

fuente: www.elpueblopresidente.com

13 nov 2012



Pre ESTRENO >> Fondo de Animal Editores <<
Feria del Libro Quito 2012


Fondo de Animal Editores

presenta:

PRE ESTRENO

Dentro de la FERIA DEL LIBRO de Quito, Fondo de Animal Editores, presentará los primeros cinco libros de su sello editorial:

La Edad Anaranjada, Marosa di Giorgio
Espina+Flores, Eduardo Espina, Rodrigo Flores Sánchez
Santiváñez+Hernández, Róger Santiváñez, Héctor Hernández
Arteca+Yrigoyen, Mario Arteca, José Carlos Yrigoyen
Los Duelos de una Cabeza sin Mundo, Ernesto Carrión

*Lugar: Centro de Exposiciones Quito. Auditorio Nela Martínez
*Hora: 17h00
*Fecha:  Sábado 17 de Noviembre de 2012
más detalles  »
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CONTACTO:
editorial@fondodeanimaleditores.com
www.fondodeanimaleditores

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20 oct 2012






Con el libro El mismo mar de todas Las Habanas, el escritor guayaquileño Marcelo Báez Meza obtuvo el Premio Aurelio Espinosa Pólit 2012, que esta vez se convocó en Poesía. La decisión fue tomada de manera unánime por un jurado conformado por los poetas Cristóbal Zapata, Vicente Robalino y Fernando Balseca.

Cristóbal Zapata apunta que El mismo mar de todas Las Habanas “es un poemario muy redondo, con un ritmo sostenido, que recupera la dimensión transparente de la poesía, la comprensión del poema como una máquina de concisión y precisión”.

El jurado además destacó los títulos Jardín de dagas, de Aleyda Quevedo, e Itinerarios, de Javier Cevallos Perugachi. A la convocatoria llegaron 121 manuscritos y el jurado consensuó, en diálogos virtuales, una selección de ocho libros, sobre los cuales se dio la deliberación final. *


*Fuente: Diario El Comercio 
(http://www.elcomercio.com/cultura/Premio-Aurelio-Espinosa-Polit-guayaquileno-Marcelo-Baez-2012_0_794920629.html.)

10 oct 2012


Por Enrique Winter

      Las palabras son palacios vacíos a ser despertados por un trueno. Ida Vitale (Montevideo, 1923) confía en su llegada, aunque desconozca qué cuchillo, qué poeta será el que lo reciba. Vislumbro el trueno reflejado en la hoja -del cuchillo-, luego la fisura que éste abrirá para que la inundación los despierte. Para Vitale, como para su contemporánea Denise Levertov (Ilford, 1923 – Seattle, 1997), la imaginación no surge del ambiente, sino que tiene el poder de crearlo. Su manifestación primera es la del sueño -ese trueno al que todos tienen acceso- y la segunda, la posibilidad de generar desde él las posibilidades expresivas, la poesía propiamente. Gonzalo Rojas (Lebu, 1916 – Santiago, 2011) decía que tiraba un cuchillo a la mesa. Sólo si éste se clavaba, él comenzaba a escribir. Sino, mejor acomodarse para mirar la inundación de otros cuchillos. Pues de que el trueno viene, viene y con el relámpago, en su caso. Son miembros de la última vanguardia que explicitó su firme creencia en la inspiración, tan cuestionada por los poetas posteriores al estructuralismo francés. 

       Así comienza Vitale Sueños de la constancia, que al establecer el lugar de las palabras, siembra también la duda de quien con ellas trabaja: “¿Cómo ser su agua madre/ todavía una llaga/ en que se detuviera/ pasar de yermo/ a escalio/ con su abono celeste?”. Cuestionamiento propio de místicas como Juana Inés de la Cruz, que buscan la trascendencia en una otredad que no es humana y que, en los versos finales del primer poema, pareciera llamarnos por vía de Vitale a “Temer su turbulencia/ como el bote arriesgado/ quien no nada.” Y cómo no si el solo uso del filo fractura el tiempo. Y tratándose de éste, la autora nos presenta un segundo dilema, ahora ya no de la génesis del poema, sino de su contenido: si se busca su “limosna verbal” en el recuerdo o si se aspira “al dios de los principios/ de las solares astucias”. Si hemos de conformarnos con describir el polvo que fuimos o aquel que no somos sino en relación al trueno. Por supuesto que no es la respuesta lo buscado, sino la tensión la expuesta. El cuchillo o “la aleta del escualo” corta en el centro el paño tirante por aquellos extremos. “De la memoria sólo sube/ un vago polvo y un perfume/ ¿Acaso sea la poesía?” pregunta. Un aire responde, como el de Rojas al definir la palabra, como el alma que se va con la muerte. 

       Vitale lo construye desde la suma de intentos para llegar a la “gruta fuera del mundo”, “al agua de la vida”, versos que sucede, respectivamente, con una desesperanza lúcida: “Cree avanzar/ el que rema en su fondo” y una honesta declaración de objetivos: “alumbrar una membrana mínima/ una hoja pequeña”. Ésa es la medida a la que puede aspirar el humano que crea. Parece poco, pero son “milagros/ y admito que toda la vida/ es su deuda” cierra el tercer acápite, “Trama de la persuasión”. En éste, el más vivencial del conjunto, la experiencia a la que recurre no se escinde del desasosiego del conjunto. Acá chocan lo sentido y la realidad, siempre aparentes, evaluados desde un presente continuo y nebuloso. Respecto a la deuda de la vida, no ve apuro en pagarla. Para el acápite final interpelará: “Guardaste la esperanza -tu empleo del tiempo-/ como se guarda el cuerpo en un cuarto/ los años que te quedan.” 

       En Sueños de la constancia, lo tangible y temporal -escorpiones, mariposas, perros, colores- es descrito simbólicamente. Son pasajes para viajar a lo intangible, que además parece esconderse. Esta conciencia de desaparecimiento de la realidad genera una nostalgia inmediata por un lugar perdido, “donde/ sin duda volveríamos/ a merecer un cielo”. Un lar que no es dicho, pero que una vez tratado queda en tanto signo. Y sólo entonces comienza a ser soportable. Luego puede la autora mirar “curiosa, fríamente su cadáver” y traérnoslo. El lugar en el que nos lo entrega tampoco es firme. Insinúa que en él residen la soledad del emisor y del receptor, la cual puede salvarse a través de lo ajeno -el perro que alegremente ladra- más que de lo propio, que nos remite a la misma soledad: “padre mío/ te como;/ esposo mío, tú azogas/ el espejo en que espero.” En “Jaula de dolores” insiste: “Dos se reflejan al espejo./ Quién recuerda/ si a solas.”. Ante la inevitable mirada hacia sí mismos de los sujetos, son los objetos inanimados los que abren las posibilidades estéticas del mundo. Confiesa así que “Hacer bello lo otro/ es gloria de la nieve.” 

       Simbolismo aparte el del ciprés, perenne árbol de la muerte, que Vitale cita para celebrar la diferencia en el jardín construido por un dios o la palabra, en que el rosal de la belleza está más alto, pero no cobija tanto como el recuerdo del conjunto o las nociones de la muerte misma. Una postura ética por la inclusión. Cipreses también para que los pájaros “gota a gota” se apoyen en sus ramas. Y luego es el canto de éstos el que acompaña el “quién sabe adónde vamos”, posterior al “taller de la vida”. Sueños de la constancia desvela su narración interna a través de estas pistas mortuorias, y su segundo acápite “Términos” nos deja en la imposibilidad del retorno. A un Montevideo ya adelantado como el lar, donde “Siempre hubo quien/ y siempre faltó cuando”. 

       Los poemas son orgánicos y se sostienen rítmicamente en una base heptasilábica, que hace dialogar entre sus parientes pentasílabos y endecasílabos, a modo de acordes. El verso corto pide silencio (“¿Se jactará siempre la palabra de decir cosas/ que el silencio, simplemente, entiende?”) y lenta deglución por su carácter abstracto, propio de una poesía de ideas y aire. Transparente. Lo desplaza en el horizonte de la hoja. Respira hondo, pareciera pedirnos, como madre que nos lleva a la montaña. Un vértigo de vacío, opuesto al “vértigo de ajenas/ corporaciones emplumadas/ para fiestas o iras de la selva.” Su base métrica, sin embargo, cede al principio del verso libre, bajo el cual la intensidad del sentido debe completarse junto con la línea. En un número considerable de casos, Vitale simplemente renuncia a la sílaba que le falta y opta por la respiración entrecortada. Lo que la convierte en entrecortada es justamente el biorritmo de la relación entre las demás respiraciones tradicionales que ofrece en cada poema. Presenta, además, ocasionales rimas asonantes dentro de los versos, o al final de ellos, como en “Canción”. 

       La autora problematiza también la comunicabilidad del poema, al optar por la concatenación imaginista en “Composición con símbolos” y la sonora en “Étimo: última Tule”, ambas presentes en los hipérbaton de “Al blanco la saeta”. En ellos la obra entra directamente desde los sentidos, desprendiendo a la razón al menos de una primera lectura. Porque en la segunda aparece el destino, inevitable, “desbandada historia/ que mira su futuro/ y no lo aprende” concluye en “Alacena del tizne” o en la escalera cuya constante subida infantil la lleva “hacia cada vez menos luz,/ hacia pozo más hondo” en “Historia”. 

       Trece citas comienzan los trece poemas de “Acto de conciliación”, que Vitale continúa como propias. En conciliación primero con la poesía, luego con la fugacidad, “trueca el duelo en canto”. “Todo es ejercicio de belleza”, pero este canto no debe llamar a equívocos, y las fuerzas sobrehumanas siguen tan presentes en marcar las humanas, como al comienzo. Así, en “Días de Sísifo” la piedra que ha de cargarse cuesta arriba es la misma existencia, consistente en “ir anocheciendo todo el día”. Frente a la tragedia, los sueños de la constancia: “Mar que nunca es un fin/ sino un medio perpetuo/ donde blancas barcas se hamacan”. La aliteración y su placer. Lo que nos queda es la palabra. 




Enrique Winter (Santiago de Chile, 1982) es poeta, abogado y magíster© en escritura creativa por la Universidad de Nueva York. Autor de Guía de despacho (premio Concurso Nacional de Poesía y Cuento Joven. 2010), Rascacielos (beca Consejo Nacional del Libro. México, 2008; Buenos Aires, 2011) y Atar las naves (premio Festival de Todas las Artes Víctor Jara. 2003; Valparaíso, 2009). Es, además, coautor de la antología Decepciones de Philip Larkin y del álbum Agua en polvo (premio Fondo para el Fomento de la Música Nacional, 2012).

6 oct 2012






Antonio Cisneros, uno de los poetas más importantes de hispanoamérica, falleció en la madrugada de hoy a los 69 años de edad.
La Revista Casa de las Iguanas acoge con dolor ésta enorme e irreparable pérdida para su familia y para toda la poesía del mundo.



Tercer movimiento (Affettuosso)

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no verá el dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.