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26 abr 2012

(Texto introductorio de las Memorias de Desembarco Poético 2012)


Sobre la arena el pie: el agua se retira, la espuma hace dibujos, ilusiones, le raya un rostro de tiempo a este presente hasta volverlo blanco. Pólvora mojada. Agua en algodón como materia en suspenso. Vida suelta. Eso es un poema: un instante. Una ráfaga de espuma que se desintegra mientras alguien vibra. 

La poesía desembarca: ¿y por qué desembarca? ¿De qué lugar ha venido la poesía? ¿Hacia dónde viaja? ¿Viaja la poesía? Quien escribe sabe, entiende, que hay que anclar la carne en algún lado de la hoja. Hay que detenerla por algún borde y que el resto resbale y se desborde hacia el vacío. Poner la carne en juego ante la maravilla de la ola bien asestada. Soltar los poemas como barcos de papel que no regresen.  

El otro es quien escucha (¿escucha el otro?) siempre. Quien lee nunca lee. Quien lee, escribe. Construye con su memoria y con su vida estos versos que el que escribe deja aquí además a costo de su viaje sobre una hoja. Yo te ofrezco esta hoja para que del mismo modo en que yo me pierdo para hallarte, tú (lector, doble de mí) me halles al fondo de este poema y me subas de los cabellos a la parte superior de la vida que quiere ser actuada. Ahora pertenecemos al mismo soplo: ambos estamos leyendo. 

La poesía que da en el clavo, lava la brutalidad de la vida, salva el día alimentándonos de nuestro propio animal. Y eso es Dios y el Cuerpo y el Espejo. 

Sobre esta arena un pie, otra mirada y el grito del que sabe que escribir no significa nada y significa todo. Hoy es un buen día para cambiar de isla. 

Ernesto Carrión
Editor