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8 dic 2012

José Manuel Caballero Bonald, ganador del Premio Cervantes 2012, es un poeta, novelista y ensayista español nacido en Jerez de la Frontera, Cádiz, en el año 1926. Estudió Astronomía en Cádiz y más tarde Filosofía y Letras en Sevilla y Madrid. Militante anti-franquista, pertenece al grupo poético de los 50 junto a José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo y Jaime Gil de Biedma, entre otros.



A continuación dos poemas de su libro Selección Natural

LA LLAVE

Y entonces fue cuando llegamos
a la casa de campo. Atardecía
húmedamente entre los prietos
plantones de piorno y ya se columbraba
la excitante cimera de almiar
desde el recodo de la trocha. Olía 
a acequia y a fogata
y al seminal sopor de los establos.
Era de cal la luz en los ladrillos
rebullía el resol como una sábana
de sofocante vaho.

                            Me acuerdo de la casa
como si fuese un cuerpo echado
sobre mí. A veces le sobraban
habitaciones por arriba y toda
la galería alta me sumía entonces
en un urgente miedo de vivir.

Aquí podrás tener tus cosas,
me dijeron. Y allí llevé los frascos
de botica, la impaciente alquitara,
el infiernillo de latón, los tubos
en su efímera horma
de madera: todos los materiales
con que experimenté mi libertad
de nueve años.

                       Dueño del cuarto,
con la llave amarrada a mi cadena
de hombre, cómo me convencía
de ser más justo entre los ilusorios
oficios del azufre, cuando el sol
de la iracunda siesta
cejaba el trajinar de lo diario.

Mi posesión de tanta vida,
mi heredad de probetas, ¿dónde
se fueron cuando el dieciocho
de julio de aquel año
tuvimos que volver a la ciudad?

Detrás de los cristales escuchaba
los primeros disparos, el temible
golpear de las puertas
del coche celular y, sobre todo,
los pasos de mi madre, resonando
entre las vetas de lo oscuro 
cada vez que un motor
propagaba su furia a los balcones.

Mano sin nadie en los laboratorios
del bolsillo, sin más humo en la piel
que el de mis tercas fórmulas
de pólvora, cómo no haber
recuperado para siempre
la llave aquella con que abrí
el sedimento libre de mi vida.

                                          (1960)


COMO UN NAIPE

Como un naipe, mi mano
está marcada. No soy yo
quien la hace ganar, perder
sus desafíos: ama,
parte el pan, acaricia,
recoge el lienzo de la vanidad
mide el rasante de la muerte,
recibe el precio
de la vida.

               Mas no soy yo
quien la hizo a su imagen,
virtud y crimen juntos
con idénticas armas
en la pugna. Bajo su piel
vuelca el azar
sus oscuros triunfos, juega
mi propio corazón a desbancarme.

                                          (1958)

15 ago 2012

Por Manuel de J. Jiménez 

La función política de la poesía o, por lo menos, los alcances que ésta tiene para intervenir en los asuntos públicos, se remonta hasta el “trauma filosófico” sobre la expulsión de los poetas en la República platónica. El primer motivo para marginalizarlos de los asuntos de la polis fue la obscuridad en el discurso: la retórica confusa, tergiversadora de la virtud, manipuladora de la verdad prístina. A partir de allí, durante todo el transcurso del medioevo y la modernidad, la acción poética ha tenido que colarse oblicuamente en la toma de decisiones fundamentales: la tarea de los poetas se circunscribe, para una mayoría letrada, al terreno de la estética y/o la ficción; no al de las políticas de Estado. Por supuesto que las excepciones a esta idea han prosperado, basta recordar las elegías y las reformas en la Atenas de Solón; la Constitución para el Estado Libre de Fiume, redactada en 1920 por Gabriele D´Annunzio; o el primer presidente de Senegal, el poeta Léopold Sédar Senghor, y su canto en favor de la negritud. Sin embargo, el poeta prefiere, casi en todos los casos, no ser una figura protagónica de las estructuras molares, sin renunciar al ejercicio de mecanismos políticos tales como la objeción de conciencia o la desobediencia civil. El poeta, por su genio y creatividad, traza su plan de subjetividad con base a sus propios aparatos de guerra e intensidades. 

A lo largo de la Historia, estos aparatos de guerra han variado considerablemente en tiempo/lugar, en tradición/ruptura, en estética/ética, etc. Los poetas genuinos, inclusive los que han guardado celosamente su ideario político en los sótanos de su escritura, desarrollan proyecciones críticas sobre la conciencia del lector: cuestionan convencionalismos, combaten agenciamientos. De este modo, la función política, que invariablemente ejecuta un escritor, es aquella en donde los discursos literarios y extraliterarios adquieren una valoración específica por parte del lector, incidiendo en su particular apreciación sobre los fenómenos sociales, mas no necesariamente en su praxis política. No hay que confundir la función política de un poema, que siempre existe, con la literatura comprometida. Esta última se encuentra ligada y, en el peor de los casos, subordinada a una ideología de Estado. La actividad poética, por ende, posee una dimensión micropolítica pues elude de forma singular agenciamientos económicos, arborescencias jerárquicas y subjetivaciones dominantes. Un poeta es siempre una línea en evasión que se desterritorializa y reterritorializa en su propio trabajo, por ese sólo desplazamiento micropolítico, es ya una imagen que ejerce poder en sí: un aparato de guerra literario que se opone al aparato de captura institucional. 

La poesía reciente en México esboza modalidades micropolíticas, enlazando estrategias de salvaguarda que son concordantes con la atmósfera actual del país, enrarecida por múltiples factores: desde la cosificación mercantil hasta la violencia, desde la psicología capitalista del deseo hasta el Estado de excepción de facto. Más allá de los reflectores mediáticos para la Caravana por la Paz que emprendió Javier Sicilia el año pasado o la querella que se sucintó entre poetas consagrados por las cifras mortuorias durante el sexenio calderonista, son los nuevos poetas quienes han puesto en práctica maniobras ex profeso para la realidad nacional, participando del uso de herramientas disímiles y, paradójicamente, concurrentes al medio poético. Hay revitalización, hibridación y radicalización no sólo en la expresión poética sino en los soportes donde esa poesía es depositada. Hondar en las acciones colectivas de los poetas ocasionaría la pérdida de ciertos rasgos individuales y robustece los juicios genéricos, por lo que basta con centrar la mirada en el trabajo de tres de ellos: Guillermo “Rojo” Cordova (D.F., 1986), Jhonnatan Curiel (Tijuana, 1986) y Yaxkin Melchy (D.F., 1985). Cada uno, representa modalidades poéticas que si bien conviven en una malla comunicante, se distinguen en la forma política-poética. 

Desde los mitotes y tianguis de la Ciudad de México, Guillermo “Rojo” Cordova (D.F., 1986) reactiva los aspectos orales en la poesía para dar paso a un material verbal más tangible, que intenta despegarse de los caracteres escritos y de los aparatos textuales, tales como el libro y el recital. De este modo, el poema retorna, como potestad soberana, a los dominios de la comunidad; en lo que casi es un sueño rousseauniano. No solamente se busca la vuelta a los albores de la poesía, donde el verbo “leer” gozaba de un amplio sentido: se leía cuando se escuchaba al juglar participando dentro de los embrollos a través de la combinación grata entre discurso e improvisación. Las variaciones fonéticas o semánticas redondeaban un poema más palpable para el oyente/lector, donde la verticalidad jugaba un aspecto ineludible. Sin embargo, de acuerdo con el propio “Rojo” Cordova, su expresión es la de un “juglar posmo, palabrero, eslamero, espoken wordero”, cuyo punto de definición es fortuito, mas no sus herramientas: las letras y sus posibilidades escénico-sonoras. La importancia del poema ya no pertenece a los confines de la página, donde la dimensión plana determina, por medio del espaciamiento textual y gráfico, los alcances de la composición. El “juglar posmo” sólo cuenta con su voz, es decir, el aparato fonador en sus múltiples modulaciones, tonos y volúmenes. La relación del trabajo poético de “Rojo” se verifica exclusivamente entre el público y él: bajo los lazos emotivos. 


El slam poetry tiene sus antecedentes en Chicago, a mediados de los años ochentas, con Marc Smith, conocido como papi slam, quien se inspira en la batalla pugilística y en la idea de un “torneo de voces” para crear esta categoría. Las reglas del Rojo eslam, que es una réplica del tradicional, son sencillas: cada participante cuenta con 3 minutos máximo para ejecutar un poema de creación propia ante una audiencia y un jurado elegido al azar entre la misma. El texto puede ser leído, dicho de memoria o improvisado por el participante, quien no puede hacer uso de instrumentos musicales, disfraces o cualquier objeto ajeno a su cuerpo. La voz y la interacción con el público son las únicas vías de satisfacción para el poeta, quien únicamente trasciende a través del veredicto del jurado popular. Cabe hacer hincapié, en el afán democratizador de esta estructura, donde la audiencia establece un voto de calidad bajo su modalidad de muchedumbre, que aunque tiene sus canales de representación (jurados), compromete de manera fáctica la continuidad de los participantes, decretando los atributos de ganadores versus perdedores. Si bien es cierto que el slam poetry desterritorializa las arborescencias de la poesía mainstream en muchos aspectos, también es cierto que reproduce en su interior dispositivos molares como la idea de jurado, ganador y competencia. 

Guillermo “Rojo” Cordova participa de esta dinámica y realiza un trabajo constante desde la expresión Slam. El objetivo es sacar los poemas de las bibliotecas, de los institutos de investigaciones estéticas, de las camarillas truculentas que sólo se leen entre sí. La poesía, en un afán garantista, es un bien público que pertenece a cualquier persona sin importar su condición cultural. En este punto habría que preguntarse sobre las consecuencias que exige democratizar el hecho poético y sobre el rumbo que tomará el slam poetry después de ganarse un público especializado, medios de legitimación, patrones de valoración y un nicho en el medio institucional. Empero, el trabajo de “Rojo” no solamente contiene prácticas micropolíticas con relación al reacomodo de la audiencia en la simbiosis artística, sino también existe un fuerte flujo de subjetivación en el contenido de sus poemas. Haciendo uso de neologismos, paronomasias, calambures, epítetos, “Rojo” forma una jerga poética que luce cabalmente con las interpretaciones que sólo él puede hacer de sus poemas, porque éstos pasan a ser un acto personalísimo del autor, al margen de cualquier lectura parcial hecha por un tercero. En el 2010, “Rojo” Córdova realiza el performance en Casa del Lago, durante el ciclo Poesía en Voz Alta, donde con el pretexto de encarnar a Jesús Malverde, ángel de los pobres, crea una atmósfera para el cruce de plegarias y leyendas en torno al santo patrono. La apología al narcotráfico no es incauta; se revierte debido a las voces de los desposeídos que buscan una forma auto-tutelar y personal de justicia. Porque, como dice en su poema DosMilMex: “la verdadera revolución en tiempos de guerra/ Es la revolución interna: /Sí, las acciones pequeñas /Pero bien concretas”: micropolíticas. 

Por su parte, Jhonnatan Curiel (Tijuana, 1986) entabla los trazos de una urbe violentada por ciclos coercibles. La poesía cumple, para él, una dinámica de resistencia ante los dominios fácticos que se dispersan en torno al sujeto, expuesto a varios mecanismos de agenciamiento, a medidas segmentadas, panópticas, biopolíticas. Curiel, encontrándose sumergido en estos códigos adversos, reelabora el discurso de la vieja poesía coloquialista a través de líneas de fuga que van desde el performance hasta la intervención de espacios públicos. No se trata solamente de usar la poesía como un arma contra los males sociales desde una trinchera, hay que desplegar su contenido para tocar el espacio del otro: el contagio en las mentalidades. Tijuana, en su carácter de metrópoli fronteriza, es un portal complexo donde los módulos de control se maximizan regulando a los ciudadanos que participan de las secuencias entrada/salida en un territorio, verificando además de las cuestiones jurisdiccionales, el embalaje que implica vivir en una línea limítrofe: identidad, cultura y subjetividad singularizada. Jhonnatan aprovecha esa condición para generar textos en perpetua disidencia poética y política. La acción se da fraternalmente y en bloque. Curiel pertenece al Colectivo Intransigente, que tiene como fin “intervenir la realidad y modificar la psique colectiva” a través de los andamiajes de la expresión poética. 


La poesía elaborada por Jhonnatan busca la multiplicación, el vitalismo. No en balde, la mayoría de las veces, sus poemas están acompañados de una acción adjunta. Aquí, como en el caso de “Rojo”, el poema no puede sobrevivir sólo con el texto impreso, ya que necesita conductos de escape para comprobar la recepción con el interlocutor. La función emotiva y, en mayor medida, la función metalingüística se ensancha con la multiplicidad de soportes. El fin del fenómeno poético es inquietar las mentalidades, ya no basándose en un plan programático como ocurriría con la poesía comprometida de corte ideológico, sino perturbando las zonas de confort del individuo; se busca la confrontación del sujeto consigo mismo y los aspectos que ha producido en su realidad. Por eso, en el poema que empieza con las palabras La cabeza es un epílogo…, ésta, ya cercenada, se transfigura en arenas para después ser semillas. En la última costa, ese grano libre del cuerpo sobrecodificado abre de nuevo los ojos: mira de revés las cosas. 

Jhonnatan Curiel, desde su libro Crónica de unos zapatos, retrata el desasosiego que produce la enajenación burocratizada, reglamentada por los intervalos de objeto-obligación. El personaje, invariablemente adscrito a la noción de deber, se extingue en el acontecer de un horario. Pasa de la casa a la oficina sin modificar su percepción del mundo. En Kayrós, la voz experimenta la revelación de encontrarse en “el momento justo”, el personaje discurre por las sensaciones, las intensidades y los devenires fisiológicos. El sujeto, superando la cosificación primaria, encuentra la epifanía; tiene que sustraerse de las coordenadas que lo situan bajo los territorios de persona, trabajador, hombre, ciudadano, etc. La voz lírica “deja venir” todos los elementos abigarrados que componen el universos de sensaciones. El libro es una exploración multidireccional de las catacumbas sensoriales, de las eventualidades cognitivas. En Flores cerebrales, la voz lírica afronta la situación crítica sin titubeos, asimilando una ética en torno a los acontecimientos de violencia extrema. Si en Crónicas de unos zapatos, el personaje es pasivo y permanece en el centro de la agresión, en este libro, alza la voz para tomar partido en los acontecimientos. No duda en ser inquisitivo respecto a los agenciamientos que desvirtúan su vida. En resumen, la piel de este sujeto es rizomática: “Cada poro se abrirá a la telúrica vibración de su orgasmo/ hasta desvanecerse en un instante/ y resurgir al siguiente”. 

La actividad performática, como ya se mencionó anteriormente, es una extensión vital en la poesía de Jhonnatan Curiel. En enero de 2012, realiza el performance “Guárdame una caricia”, donde el poeta aparece encapuchado como brujo o santero para realizar un rito de transición. Curiel, en este acto, acompañado de veladoras y al ritmo del “son de la sangre”, consagra lo sanguinolento bajo renovados signos. La misma deconstrucción aparece en “Tripas realidad y medios”, donde se arrastra una "cola de información" con periódicos, libros, imágenes pornográficas, etc. En la punta de este lazo mediático, el poeta amarra tripas. Al final, después de caminar por la calle, la serpiente informativa arde como basura. Otra línea de fuga en Curiel es el llamado “ojopoema”, que es un experimento poético que hace hablar a la ciudad a través de anuncios publicitarios, propaganda, letreros comerciales y grafiti, en palabras de Jhonnatan: es “una replica creativa a la saturación visual en nuestra época”. El poeta, en total devenir caminante, registra en automático toda la información que ve en una trayectoria previamente trazada dentro de un cuadrante de Google maps. El viaje se da exclusivamente en la virtualidad. 

Quien también reagrupa los elementos de la virtualidad a su favor es Yaxkin Melchy (D.F., 1985), realizando una poética que se nutre de los enlaces cibernéticos. En su último libro, Los planetas (Nuevo Mundo III), ante la pregunta ¿qué posibilidades ofrece el ciberespacio a la poesía?, él contesta que a futuro el ciberespacio será una parte fundamental de nuestros cerebros biológicos, un inexplorado territorio-satélite, que vislumbra en muchos aspectos el porvenir del horizonte poético. La tarea del hombre no se limita sólo a figurar en ese campo fértil, creándose una identidad virtual, sino a experimentar una vida distinta: fabricar otros lenguajes. Esto es posible con las directrices que ya comienzan a esbozar un modus vivendi en las redes sociales, los blogs, el skype, etc. Melchy opone el viejo código de la humanidad, el código de la acumulación, donde el deseo mercantilista lleva al hombre a la “guerra genocida y al suicidio cotidiano”, por un “lenguaje mágico del día a día”, que sea capaz de devolver los rostros perdidos por los reiterados agenciamientos. El poeta formula un ejercicio de rostricidad que sea singular e inalienable, una micropolítica de la intimidad: rasgos indelebles dentro de una multiplicidad de “facciones”, tanto en la cara como en la guerra. Quizás por esta estratagema poético-política fue él quien orquestó un flanco fraterno, editorial y beligerante en el portal de la Red de los Poetas Salvajes (2008-2010). 


Yaxkin, más allá de los contornos en su literatura, genera un universo que no sólo es paralelo al de la experiencia diaria, como puede ser el caso de las grandes poéticas del siglo XX, sino que hace competir abiertamente los beneficios de trasladarse de una realidad a otra. En un entrenamiento cosmológico, el individuo pasa de universo en universo sin trasgredir las claves de la Teoría de las Cuerdas. El acierto político está en construir espacios habitables, permeables y compatibles, para después escaparse en un perdurable nomadismo. Ante el temor de trazar una línea de subjetivación excesiva que lo lleve a la muerte o a la locura, el poeta despega en el momento crucial y no perece por sus deleites imaginarios. A diferencia de otros autores, hay un esfuerzo lingüístico para no señalar más los objetos de este mundo; representar especulaciones. Yaxkin Melchy trabaja la mayoría de las veces con símbolos, de allí la difícil determinación de referentes en su obra: el Rey Murciélago, la Computadora Central, Emilio, entre otros, en El Sol Verde (Nuevo Mundo II), son hologramas que, en el momento de ser interpretados, se desvanecen bajo cualquier personalidad literaria. Desde su primer libro El Nuevo Mundo, el poeta sepulta los cuerpos gangrenados del planeta Tierra a través de un maremoto que explota con letras. La renuncia se verifica con el yermo que ocasiona su inicial registro, que es igual a cero. A partir de allí, diseña la construcción de un Nuevo Mundo que no intenta sólo ser literatura, sino todo lo demás: ética, teoría o tratado. La poeticidad de los códigos binarios y la intertextualidad con la computadora son las primeras herramientas para lograr esa empresa que es una ciencia futura. 

La poesía novelada de Yaxkin Melchy, del mismo modo que los otros dos autores en cuestión, es imposible de contener bajo la extensión del libro tradicional; más aún si el proyecto es de suma revelación como el Nuevo Mundo, que se vale de registros metamórficos como el cósmico, mesiánico, robótico, alienígena, etc. Por esta razón, se abren los conductos poéticos en ambas direcciones. Hay un movimiento de carácter endotérmico, donde Melchy mantiene en temperatura acondicionada el texto en sus libros: el corazón de su escritura. Desde su aparición en la escena mexicana, no dudó en incorporar al Nuevo Mundo aparatos de otras materias y sus respectivos indicadores: tablas, circuitos, gráficas, fórmulas químicas, cuestionarios y planos. De este modo, la poesía escrita, que es sólo una parte de su trabajo, se desterritorializa para anclarse en los linderos de otras disciplinas sin perderse en un experimentalismo abyecto. Asimismo, está el movimiento exotérmico, que se da con su actividad escénica. Al contrario de “Rojo” Cordova, que utiliza el recurso de la prosodia, Yaxkin emplea la parafernalia para dar vida a la voz de sus personajes, haciendo uso de pinturas y pseudo-disfraces que sólo dejan entrever atributos de quien habla. En 2009, durante PVA de Casa del Lago, Yaxkin Melchy a partir de Emilio, la danza y la escritura, interviene con un código binario. El niño-robot desaparece los pixeles de la bandera mexicana, quedando el hueco a la vista del auditorio. El poeta disemina un virus contra las naciones. “Puentes comerciales, nuestras manos son más fuertes Nuestra letra M más alta, nuestra P un poder más allá de los Países y las Patrias”. 

Estas tres propuestas micropolíticas forman sólo una parte del espectro de expresiones poéticas, audaces y, en muchos casos, concatenadas, que se forjan dentro del ámbito nacional. La poesía, contrario a lo que muchos piensan, no se aleja paulatinamente de la política ni los poetas dejaron de asumir una acción frontal. Todo lo contrario: con cada día, con cada palabra, se actualizan las manivelas entre la realidad y la metáfora. 


En el ex país de México, 
mayo, 2012. 


Manuel de J. Jiménez. (D.F., 1986) Estudió Derecho y Letras Hispánicas en UNAM. Tiene publicados los libros Los autos perdidos (Red de los poetas salvajes, 2009) y Trámites del muerto y el ausente (Honda Nómada ediciones, 2011), que forman parte de Iuspoética. Fue director de la revista Trifulca. Actualmente trabaja en 2.0.1.2. y es parte del Consejo Editorial de la gaceta Literal. 

26 abr 2012

(Texto introductorio de las Memorias de Desembarco Poético 2012)


Sobre la arena el pie: el agua se retira, la espuma hace dibujos, ilusiones, le raya un rostro de tiempo a este presente hasta volverlo blanco. Pólvora mojada. Agua en algodón como materia en suspenso. Vida suelta. Eso es un poema: un instante. Una ráfaga de espuma que se desintegra mientras alguien vibra. 

La poesía desembarca: ¿y por qué desembarca? ¿De qué lugar ha venido la poesía? ¿Hacia dónde viaja? ¿Viaja la poesía? Quien escribe sabe, entiende, que hay que anclar la carne en algún lado de la hoja. Hay que detenerla por algún borde y que el resto resbale y se desborde hacia el vacío. Poner la carne en juego ante la maravilla de la ola bien asestada. Soltar los poemas como barcos de papel que no regresen.  

El otro es quien escucha (¿escucha el otro?) siempre. Quien lee nunca lee. Quien lee, escribe. Construye con su memoria y con su vida estos versos que el que escribe deja aquí además a costo de su viaje sobre una hoja. Yo te ofrezco esta hoja para que del mismo modo en que yo me pierdo para hallarte, tú (lector, doble de mí) me halles al fondo de este poema y me subas de los cabellos a la parte superior de la vida que quiere ser actuada. Ahora pertenecemos al mismo soplo: ambos estamos leyendo. 

La poesía que da en el clavo, lava la brutalidad de la vida, salva el día alimentándonos de nuestro propio animal. Y eso es Dios y el Cuerpo y el Espejo. 

Sobre esta arena un pie, otra mirada y el grito del que sabe que escribir no significa nada y significa todo. Hoy es un buen día para cambiar de isla. 

Ernesto Carrión
Editor 

14 abr 2012

DESEMBARCO POÉTICO

Este Primer Desembarco Poético se realiza con la colaboración de Manzana Bomb! Cultura Popular Contemporánea, Ministerio de Educación, Dadaif Cartonera, IEIPI y Revista de Poesía y Cultura Casa de las Iguanas, con el fin de conmemorar el Día del Libro y los Derechos de Autor.

El 25 de Abril se reunirá a un grupo selecto de Poetas que darán lectura a su trabajo literario en una velada que ofrecerá a la comunidad un espacio de acercamiento a la poesía y a sus autores, y que servirá para asentar esta fecha esperando así poder seguir celebrando la poesía con eventos similares en años venideros.

Invitados y programación: Desembarco Poético (plemar 1)

10 abr 2012

Por Renato Sandoval Bacigalupo

Así como, según Octavio Paz, aprender a hablar es aprender a traducir, de igual modo traducir es leer o, en todo caso, es la mejor manera de hacerlo. El traductor es el lector ideal que recorre de ida y vuelta el camino, no pocas veces esforzado, que en un primer momento hizo el autor. De alguna manera, es un doble autor o el doble del autor o, por lo menos, alguien que ha vivido el doble de quien lo impulsó a salir a tal camino. 


*** 

La única traducción fiel es la reescritura de una obra en su idioma original. Todo lo demás es literatura. 

*** 

La afirmación anterior es una falacia: si ni siquiera el texto es igual a sí mismo con cada lectura que se hace de él, ¿cómo entonces confiar en él, en su aparente identidad y permanencia? En realidad, todo en él es autosuficiencia, vana soberbia, suprema hipocresía. 

*** 

Sin traducción todo sería soledad, locura, áspero silencio. 

*** 

Para mis amigos poetas, todo; para mis enemigos, la traducción. 

*** 

Si, como Saramago dice, los escritores hacen la literatura nacional y los traductores la literatura universal, entonces, ¿quién hace la literatura “a secas”? 

*** 

“Es imposible traducir la poesía”, refunfuñaba Voltaire- “¿Acaso se puede traducir la música?”, retrucaba él mismo, triunfante. En ese mismo sentido, ¿tampoco se podría traducir la danza, el cine, la escultura o al propio Voltaire? 

*** 

Traducir es tratar de transportar palabras, ideas, imágenes de una orilla a la otra; en el camino, como granos de arena que se deslizan entre los dedos, se llega con las manos vacías a la otra ribera. He ahí la más perfecta traducción. 

*** 

Lo mejor que le puede pasar a un poeta es lograr que lo traduzcan al mayor número de lenguas posibles. Así llegaría a decir mucho mejor y de manera más interesante lo que en su propia lengua solo es alarde, presunción, majadería o puro galimatías. 

*** 

El mejor poeta suele ser aquel que, amorosa o tramposamente, retraduce a los clásicos antiguos o contemporáneos a su propia lengua. Una vez más la variación infinita de unas cuantas metáforas. 

*** 

Me ufano de haber leído (para ser sincero, no en el original) a Pound, Eliot, Rimbaud, Rilke y de haber aprendido de ellos; sin embargo, no me percato de que en realidad (des)aprendí a hacerlo gracias a Munárriz, Silva-Santisteban, Sologuren y Sandoval. 

*** 

La lengua perfecta: ucronía y utopía de una frustrada realidad. 

*** 

Si no fueran por las miles de lenguas que aún perviven, mi gato ya no sería cat, chat, Katze, kat, kattdjur, cica, kissa, misi, phisi; a lo mejor tampoco sería gato. 

*** 

Pero si a mi gato lo llamara cat, chat, Katze, kat, kattdjur, cica, kissa, misi, phisi, ¿yo me reconocería a mí mismo como man, homme, Mann, mand, gåbb, ferfi, mies, runa, chacha? ¿O él a mí? 

*** 

Cada traducción es un paso más hacia el abismo que existe entre los hombres. En el fondo, si lo hay, de dicho abismo reposa la lengua aún sin nombre. 

*** 

Cada mañana me digo en una lengua lo contrario de lo que me digo por la tarde en otra. Por la noche, el sueño es solo angustia, pues sé que al día siguiente me espera la negación de lo dicho el día anterior. Solo entonces una plegaria innominada parece brotar de mis labios. 

*** 

Como un niño en una feria, feliz y excitado subo y bajo sin cesar del vertiginoso carrusel de las lenguas. Al final, salgo de ellas mareado, empachado, con arcadas, decidido a volver a casa para meterme enseguida a la cama y quedarme dormido mamando la leche materna. 

*** 

La traducción es un acto de fe, aunque básicamente es una herejía, un sacrilegio, una profanación. Solo por ella conoceremos el infierno que arde en el alma de los otros. 

*** 

El original que produce la traducción es tan intrincado e inestable como lo que se pretenderá acarrear a otra lengua. El texto precisa emigrar de sí mismo para desanudarse y tratar de permanecer. En su fuga de sí misma está su sueño de salvación. 

*** 

Traducir: cruzar una y otra vez la frontera como buen contrabandista de significados, hasta que llega la crítica o el silencio, esa policía de manos sucias que nos acogota y tuerce el cuello con toda la arbitrariedad o la indiferencia del caso. 


La riqueza de una lengua está en función de su contacto con las demás, que a veces la complementan por no decir que se le oponen. La traducción es el armisticio de una batalla incruenta donde sin embargo hay más muertos que heridos. 


Garotinha, ¡cómo que no hay traducción exacta para saudade! ¿Y ahora qué me hago para hablarte de este abismo que me atraviesa sin anestesia? 


Si yo tengo nostalgia de ti y tú saudade de mí, ¿será más bien que mutuamente no nos hacemos igual falta y que todo lo nuestro es una burda patraña? 


Por lo mismo, no hay verdadero amor entre dos personas que tienen lenguas maternas diferentes. Desde el inicio de la relación se instala la ilusión o la mentira del “enriquecedor” encuentro entre dos mundos, que de común solo tienen la imposibilidad de amar a alguien del propio mundo con el que potencialmente habría grandes posibilidades de llegarse a entender y, quizás también, amar. 


Solo que lo contrario tampoco ocurre, lo que quiere decir que a lo mejor el problema no está en la diversidad de códigos lingüísticos sino en la infinita miseria o en el desamparo de los corazones, por decir lo menos. 


Hoy, con toda la buena voluntad del mundo, traduje y retraduje un texto clásico que hablaba de la trascendencia del ser humano y sobre el cual se han escrito bibliotecas enteras. Haciendo un esfuerzo, acaso indebido, de síntesis, el texto original de unas mil palabras terminó, en mi traducción, siendo de apenas un par. ¿Error mío, error del autor, o más bien error de la humanidad y de su “creador”? 


El bueno de Walter Benjamin decía que la traducción sirve para poner de relieve la íntima relación que guardan dos idiomas entre sí. No sé si creerle: yo tengo varios dentro de mí y lo único que me producen son dudas, conflictos, desvelos y una indeclinable y esquizofrénica melancolía. 


El original es un fetiche, la traducción, una bajeza propia de salvajes. Los civilizados tienen originales, los salvajes, traducciones. 


Si se concede, no obstante, que todo mensaje entendido es traducción, entonces mientras más entendamos, más cavernícolas seremos o, lo que es lo mismo, a mayor incompresión, más civilización. 


Mi perro Nicolás me mira, ¿angustiadamente?, cuando le hablo. Creo percatarme de ello y entonces yo me angustio: no sé si está así porque no me entiende en lo absoluto o porque sé que nadie como Nicolás sabe de mi fragilidad, cobardía y completa dependencia de él. 


Una traducción aceptable, aunque con limitaciones, comunica aceptablemente; una mala traducción comunica demasiado. En su total explicitud está su yerro y su fracaso. 


De lo anterior y bien visto, una buena traducción tendría que ser mejor (sic) o más rica o matizada que el original: ¿no es lógico pensar que si la cuerda de una lengua X vibra como debe ser, la de una cuerda adicional Y vibraría doblemente? 


Siempre se ha dicho que la traducción indirecta de una lengua empobrece o falsea el original. En realidad, no se aprecia el que a este se le dé más matices y variaciones, aunque no siempre se sea fiel a la consigna de partida. Si, por ejemplo, se tradujera sucesivamente un mito cosmogónico de Bután a través de cien lenguas, lo que al final sucedería es que, cartesianamente, todo sería claro y distinto para todos, al tiempo que la sabiduría y la paz reinaría en nosotros. 


El traductor tiene una misión imposible: entender como nadie el texto de partida, a fin de que todos y cada uno de los demás que lo lean en su versión lo entiendan “cabal y originalmente”, de una manera que ni el autor ni el traductor lo habrían nunca sospechado. 


En la mejor traducción cualquier palabra es un mero accidente y, por lo tanto, del todo prescindible o reemplazable. 


Al principio se hizo el Verbo, y el Verbo fue Traducción. 


Si, como dice Paz, las naciones son prisioneras de las lenguas que hablan, ¿de qué prisión hablamos cuando hablamos en otras lenguas? 


Poco más de cinco mil lenguas quedan en el mundo. ¿Por qué tantas o tan pocas si no queda nada o más bien mucho por decir? 


Se piensa que la traducción suprime la diferencias entre una lengua y otra. En realidad las hace aún más diferentes entre sí, pues lo que se ha dicho en una, se ha dicho también en otra, la cual se reafirma a sí misma por justamente eso. 


Todos los textos son originales porque cada traducción que de ellos se haga es la misma, de igual modo que cada texto es traducción de sí mismo y, por lo tanto, una mera autocopia. 


La traducción: narcisismo del texto. 


Nace un texto: nostalgia de su repetición. 


No hay textos de partida ni textos de llegada; lo que hay son textos, textos, más textos, nada. 


Medianoche; debo dormir. Nicolás en su cama y yo en la mía. Todo otro amor es solo ausencia, cansancio, carestía. ¡Dime algo, Nicolás, por tu alma y por la mía! 


Hoy, pero también ayer y anteayer pedí perdón en todas las lenguas que supuestamente sé. Todo es inútil. No hay palabras que reparen lo dañado. Y, sin embargo, ahí sigue la cretina esperanza. 


¿Cuánto de mí es porque yo lo digo o deja de ser porque no lo digo o porque simplemente callo? 


Rimas y ritmos nocturnos: Roe su hueso Nicolás, roo mi alma en la noche; todos en paz. 


Retomando, por ejemplo, la saudade, no me deja de sorprender que al parecer yo sufra simultáneamente de nostalgia, Sehnsucht, nostalgie, hemlängtan, haikeus, honvágy y miles de sentimientos parecidos. Y eso que yo tan solo echaba de menos a mi perro. 


En Internet y en varios diccionarios quechua-español busco una traducción tentativa para esa condenada “nostalgia”. Ni por asomo aparece una. En consecuencia, todo parece indicar que ni el Inca Garcilaso ni Arguedas extrañaron verdaderamente su terruño. Y a mí que ellos dos me habían convencido de todo lo contrario. 


Dime cualquier cosa, te la diré mejor, te la diré peor, te diré lo contrario, te diré otra cosa, no te diré nada. 


Llamo a Nicolás, viene; lo llamo y viene; lo llamo para que venga. Frases en yuxtaposición, parataxis e hipotaxis, respectivamente, según los gramáticos. Nunca pensé que podría ser capaz de realizar construcciones lingüísticas de nombres tan exquisitos. Yo solo quería acariciar a mi perro, que ahora viene a mí moviendo la cola. 


Dicen que las lenguas sin tradición escrita encontraron la justificación de la escritura en el prestigio del texto extranjero. En esta noche sin calma, ¿cómo justificar mi yo, que no se enuncia, ni se dice, ni mucho menos se escribe en ninguna lengua? 


Nada mejor para probar las bondades de una lengua que llevarla a una situación límite: preguntarle cuál es el opuesto de tres o para qué decir algo si ya no estás tú? 


¿Cuál sería la traducción exacta -bueno, si se quiere, aproximada- de silencio? 


Hoy he dicho sí, pero también no. ¿Por qué siento que es lo mismo? 


Hoy, también hoy, te he amado como nunca y como a nadie. ¿Pero a quién se lo dije? 


Es cierto que el que escribe un poema sabe empezarlo si bien ignora cómo acabará. El que lo traduce, por su parte, sabe cómo comienza y termina, pero no tiene la menor idea de cómo hará para llegar desde el principio hasta el final. 


¿Por qué las verdades son siempre tan fáciles de enunciar, pero imposibles de probar? ¿Acaso porque se solazan en sí mismas y, aprovechándose de nuestra torpe inocencia, se rehúsan a aceptar su propia inviabilidad? 


Una noche más después de muchas otras. ¿Y si ahora por fin surgiera esa palabra que por fin lo transformaría todo, haciendo del horror ventura, y de la pena olvido? Solo por esperar esa palabra aceptaré esta noche. 


Las mañanas discurren claras y ligeras como cuando en la infancia me decía que todo era posible. Pero cuando el sol se pone y pende en la noche la horca de la luna, el vino se enturbia en mi garganta y mi sangre dobla una y otra vez el réquiem de una nueva mañana prometida. 


Cientos de miles, acaso millones de palabras con sus infinitas variantes en las cinco mil lenguas que aún existen en el mundo, y ni una sola, en verdad ni una sola, dice mi nombre ni el tuyo. 


Odio la verdad que supuestamente albergan las frases sabias y célebres; sobre todo porque para que terminen de ser para mí ciertas y útiles tendré que morir una y otra vez hasta que, de tanto dolor, no me dé cuenta de su intensa y exasperante fragancia. 


Hoy Nicolás no ha encontrado el hueso que anoche había enterrado al lado del naranjo. Con enorme alegría acepta el nuevo hueso que saco de la gaveta, pero enseguida duda, se dirige al jardín, lo entierra junto al naranjo y enseguida una profunda melancolía lo invade. Lo mismo he hecho yo tantas veces con mis aficiones más queridas. ¿Será por eso que Nicolás ahora me mira cuando le rehúyo la mirada? 


Hoy es hoy otra vez y las palabras se suceden a velocidad vertiginosa en mi mente. Estoy vivo, exclamo, luego de haber superado la inconciencia de la noche, de la cual no tengo ningún recuerdo. Con las horas, no obstante, la sucesión de tantas palabras es solo asfixiante tumulto, angustia y desconcierto, por lo que no veo cuándo se acabe el día para sumergirme, una vez más, en el amnios del sueño y en la penumbra más pueril y más arcana. 

Hace casi dos décadas que, para bien o para mal, me dedico a la enseñanza, y cómo me cuesta hasta ahora escuchar que me digan “maestro” (o “profe”) y referirme a ellos como “mis” alumnos. Si soy maestro, solo lo soy en ignorancia y en extravío; si son mis alumnos, solo lo son por orfandad, por ignorancia o, simplemente, por inexplicable e ingenua fe.


Renato Sandoval Bacigalupo (Lima, 1957). Estudió Lingüística y Literaturas Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica del Perú y completó estudios doctorales en Filología Románica en la Universidad de Helsinki de Finlandia. Ha publicado, en poesía, Singladuras, Pértigas, Luces de talud, Nostos, El revés y la fuga y Suzuki Blues, los tres últimos recogidos en Trípode (2010). Tiene en prensa: Cámara esférica: 24 x 1.Poemas suyos han sido traducidos al francés, alemán, italiano, danés y finlandés. En ensayo, El centinela de fuego, libro dedicado al poeta simbolista José María Eguren, y Ptyx: Eielson en el caracol. En el campo de la traducción, son conocidas, entre otras, sus versiones de Pavese, Quasimodo, Tabucchi, Arnaut Daniel, Tieck, Rilke, Kafka, Södergran, Ågren, Haavikko, Saarikoski, Dinesen, Boberg, Drummond de Andrade, Lêdo Ivo, Paulo Leminski, Sylvia Plath, así como un par de piezas de teatro escritas en francés por César Vallejo y una antología de cuentos de Quebec (Canadá) bajo el título La mano de dios. En 1988 obtuvo el primer premio de “El cuento de las mil palabras”, del semanario Caretas. Dirige la editorial Nido de Cuervos y las revistas Evohé y Fórnix. En la Pontificia Universidad Católica del Perú dicta, alternadamente, Literatura Alemana, Literatura Nórdica y Literatura Francesa Medieval. También enseña en la Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas de la Universidad Ricardo Palma. Es director del Festival Internacional de Poesía de Lima (FIPLIMA).

13 feb 2012




La Pontificia Universidad Católica del Ecuador y su Facultad de Comunicación, Lingüística y Literatura, a través de la Escuela de Lengua y Literatura, convoca al XXXVII Concurso por el Premio Nacional de Literatura “Aurelio Espinosa Pólit” 2012 en el género POESÍA, que se sujetará a las siguientes bases:


1. Pueden participar en él todos los escritores ecuatorianos.



2. No podrán intervenir en el concurso quienes hayan ganado el Premio Nacional de Literatura “Aurelio Espinosa Pólit” en alguna de las convocatorias en el mismo género.



3. Los participantes deberán entregar un poema o conjunto de poemas, estrictamente inéditos, con la extensión suficiente para que puedan ser editados en forma de libro.



4. El plazo de admisión vencerá a las 17h00 del viernes 6 de julio de 2012. Solo se aceptarán las obras recibidas en la Dirección de la Escuela de Lengua y Literatura hasta el día y hora del vencimiento del plazo de admisión.



5. Los sobres cerrados que contengan los nombres de los autores se entregarán a un notario público en el momento del cierre de la recepción de las obras. La apertura del sobre correspondiente al ganador se hará en presencia de dicho notario. Sólo se aceptarán las obras recibidas hasta el vencimiento del plazo de admisión, incluso las enviadas por correo.



6. El jurado escogerá una sola obra para el Premio Nacional de Literatura “Aurelio Espinosa Pólit” 2012, podrá declarar desierto el concurso, y sus decisiones serán inapelables. Los nombres de quienes constituyan el jurado se darán a conocer con el veredicto la primera semana de septiembre de 2012.



7. El Premio consiste en la cantidad de USD 5.000,00 (cinco mil dólares estadounidenses), que se entregarán al triunfador en un acto especial en conmemoración de la fundación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.



8. El Centro de Publicaciones de la PUCE hará la primera edición de la obra premiada; el autor recibirá el 10% del número total de ejemplares editados y, en otros aspectos de la publicación, se sujetará a lo establecido en las normas generales del Centro.



9. Los sobres correspondientes a las obras no premiadas serán destruidos en presencia del notario inmediatamente después de que el jurado emita el veredicto. Las copias de las obras no premiadas no se devolverán a sus autores y también serán destruidas.



10. Los concursantes observarán las siguientes normas:

a) Firmarán los trabajos sólo con seudónimo.

b) En un sobre aparte, totalmente cerrado, incluirán una tarjeta con su nombre completo, número de cédula de identidad, domicilio, ciudad, correo electrónico y número de teléfono.
c) En la parte exterior del sobre que contenga estos datos, consignarán solamente el seudónimo y el título de la obra.
d) Los trabajos se presentarán en tres ejemplares debidamente encarpetados, escritos a máquina o computadora, a doble espacio y en una sola carilla de papel tamaño INEN A4.


11. Las obras concursantes se enviarán a la siguiente dirección:

XXXVII Premio Nacional de Literatura “Aurelio Espinosa Pólit”
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Facultad de Comunicación, Lingüística y Literatura
Escuela de Lengua y Literatura
Oficina 108 FCLL
Apartado 17-01-2184 Quito