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Mostrando las entradas con la etiqueta Maurizio Medo. Mostrar todas las entradas
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4 may 2012




La Colección Yo’o joara arrancó en 2011 como un proyecto en coedición con Escritores de Cajeme, A.C., asociación de escritores de la comunidad de Ciudad Obregón, Municipio de Cajeme, Sonora, dedicada a promover y difundir la cultura en la región. En esta colección, se privilegia la publicación de material inédito o reediciones de poca difusión o con grandes diferencias entre la primera y segunda edición (casi otro libro). 

El nombre Yo’o joara, “Lugar de encanto”, es un espacio mágico, como una cueva grande en las montañas, adonde los yaquis van a reencontrarse con su yo interno. En ese patio iluminado por la música le piden a su dios que les conceda la gracia de ser mejores personas para su comunidad. Unos piden ser el mejor guerrero; otros, el mejor danzante venado, curandero, músico o cantor. Así, este colección, a cargo de Juan Manz, presidente de la citada asociación, pretende ser un lugar de encuentro con la poesía. 

A la fecha, se han publicado cinco títulos, de autores nacionales y extranjeros, a saber, por orden de publicación: 

1. Bóveda 66, de Ernesto Carrión (Ecuador) 
2. Reversos, de Víctor Rodríguez Núñez (Cuba) 
3. Sunscreen, de Iván Figueroa (Sonora, México) 
4. Cuerpo en mi cuerpo, de Ricardo Solís (Sonora, México) 
5. Manicomio, de Maurizio Medo (Perú) 

En el evento se contará con la presencia de Luis Armenta Malpica, director de Mantis editores, y de Juan Manz, coordinador de la colección y presidente de Escritores de Cajeme, A.C., quienes harán la presentación de la colección; así como con el poeta Ricardo Solís, quien charlará acerca de su libro y compartirá algunos de los poemas del mismo.

Lugar: Capilla Elías Nandino del Exconvento del Carmen (Av. Juárez #638, Zona Centro, Guadalajara, Jalisco).
Día: Miércoles 9 de mayo
Hora: 8:30 pm
Entrada libre 

5 jun 2010

INFLUENZA
Una plaquette que anuncia nuevos giros en la obra del poeta peruano Maurizio Medo





Como un adelanto de la publicación de su segundo libro en la ciudad de Santiago de Chile Transtierros –recordemos que el primero fue Manicomio, considerado como uno de los títulos más emblemáticos de la nueva poesía en lengua castellana-, la Editorial FUGA pondrá en circulación un work in progres de este nuevo título con el título de Influenza. Aquí los poemas, escritos en tiempo real, recogen (de manera testimonial, paródica y crítica) el espíritu de época, una de la que el autor se da la maña para escapar e interrogar al lenguaje, y con ello a la propia identidad, una que, en la obra de Medo, logra, una vez más, reinventarse.



Como una primicia ofrecemos aquí algunos de sus textos.



INFLUENZA

1.


Basta de trepar a los aviones que emprenden vuelo en la deshora
Basta de caer desde tu beso sobre los tremos de su honda turbulencia
Basta de deshablar en trances celulares alelado ante mi ruido
Basta enjundia de súbitas querellas por quítame estas pajas
Basta de volver a marcar poseso digital tu código de acceso

Basta de flyers posts emails…
Basta de fingirse natural meditando la vida conyugal en una jaula
Basta de ver por ahí al poema y susurrarle albur-azar por serendipia


Arribo del transtierro (libre ya de alquilarme
abyecto ganapán por unos óbolos)

Judas de mis cristos ábrome paso por el psicosocial temiendo sorprender
en mi lugar a un doppelganger

Temo que mi propia ausencia del poema
me constriña Pájaro a la jaula
Albur--azar –albur –azar

Temo que al verme el perro ladre no a mí sino a esa ausencia

Ábrome paso Cincuentonas con máscaras antigases Otras cholas
esputan sus pañuelos Por el altavoces canta el locutor

384, 485, 586,687…

Y rueda la bolilla de la súper
A(H1N1)
Nuestro guión: toser y toser a pura cepa Sin vacuna infestando
cerdos pollos reses (los diarios nos dirán cómo a los peces)
ilusionados con algún report de la CNN
Arribo del transtierro Desde otra órbita Fuera de mí
Con el pavor por tener que descifrar
las claves de mi propia partitura
En ella a mi amor exponencial y cárdeno
La tierna parva de achiperres acechando el manzano
& la bravura de mi perro apiojada

Por ello señor- dije al chofer

- Sí Probablemente esta gripe sea
una puta manipulación química
con qué distraer la veleidad musulmana

Pero en mí la única aflicción que quepa ahora es dar la talla
Y cuando llegué el viejo Medo bramó:

-¡Aquí mi Judas¡

Mientras reías
(y reías)

Pavana

2.

De nariz va para encender la obscura luz de su secreto lupercal

Va zafio el cabrón Estornudan 796 víctimas de A(H1N1)

-¿Tío qué cosa es mu-sul-mán?

¡1000¡. Otra vez oye la voz del chofer
puta manipulación
vibrando en la escarcha que hiela rúbea en su piel
Pero ni el frío ni su vapor neumonal
En la radio A(H1N1) como un hit musical

Volver implica siempre recomenzar
Ahora más bien como ingente hacedor
donde apenas ácaros y dendritas de polvo
Fuera de toda descripción Objetivista y neutral

Va sólo como un modo de comprender la realidad
cuando ya son 1001 víctimas
y la A(H1N1) vibra
Alf layla wa-layla La dulce voz de Sheherazade
(como una puta manipulación
con qué cebar al cameramen)

No me corro yo
(Medo es otra puta manipulación)
Hablemos de cómo escarcha el ande
(lejos de la voz del locutor
sin rating)

3.

Pero de que he vuelto no quepan dudas
ve el beso rabiar sobre los labios de mi amor

El resto es una puta manipulación

La voz del ferchome hace escribir aún contra mí

Y vuelto ¿eh? es decir al principio - wu-wei
hasta calzar el poema Exangüe glosolálico
y por serendipia pura

Aún dudo si escribir contra mí constituya una praxis política
o una estrategia musical
Pero funciona En cuanto nombra la realidad
con nuevos sustantivos

He vuelto de ver face to face lo que de ayer temía:
otra puta manipulación La rutina: sus días repitiéndose pesados como los pasos en un waltz

De comprender que ayer

La idealización banal de lo que ya…
(lo cual convierte vida en un sema bisilábico efímero y brutal)

¿Qué pensaría el ferchopor puta manipulación eh?
Tampoco lo sé

Fue proverbial

Hay algo sabio en la oralidad algo que es cierto se tizna
con las nuevas posibilidades de escritura y subjetividad
(chats, MUDs posts flames spams)
Todas con ese matiz tan verne que habría Y sólo
por un momento considerar a toda voz
como la nota de un pentagrama panfónico
Y ya no escribir
Sólo callar
Escuchando toda la bulla atroz como a un poema
Sobre esto nada dice el locutor
-¡Gripe pituca¡- exclamó al ver la bolilla de la A(H1N1) rodando
por la casilla 2008 Casi a tiro de año
Siempre tan cool tan tamiflu tan made in isla caribeña.
Implicaba a un status

Nunca he visto- escribió Aurora Bravo- en Nueva York, Suiza o Ámsterdam
que la gente se muera por el friaje,
aunque los inviernos registren temperaturas más bajas
Hay una semejanza liminal entre helar el pulmón
a -18 grados centígrados
Y escribir poesía

Aunque esta sea cascajo para el orden social

Una utopía

ATAVISMO


¿ves borroso en los bordes?
y si destrozas la obra cromática aquélla de tus padres ¿reconocerías los colores?
¿el dolor elegido en las piezas en los pedazos por decir? azul cielo
blanco piedra transparente
¿arrancarás la imprecisión la verdad que une ésta y aquélla intercesor
mediador de la defensa de los hombres?

Alejandro Tarrab

Pero el escriba aquél sufre de autismo.
Ante las puertas ¿un poema las tiene?
susurra de paporreta pasimí pasemá.

Uno penetra al lugar según lo conceptúa

Mi Judas abomina la quimera urbana
del poema como casa (blanca y con jardines)
Con una métrica antípoda de infancia

Anhela más bien volver a él como a un estroma
Y si no estroma como lengua a beso
O adjetivo a cosa
Una libre de arbitrios y tasas de interés

Porque la crisis, mi amor porque la crisis
(sin partituras y a ritmo de balada)
política comunicacional jurídica social…
(Cantan los trotskos)
- ¿Cómo se escribe caviar viejo esturión del Volga?-preguntó Judas
Eso es un prejuicio burgués De derecha –replicó el coro
de poetas indigentes en Manhattan
Y cuando ya no sabía qué era ser andino o tropical
el Judas dijo: no me jodas Medo
Occidente es otra mar
Porque la crisis mi amor porque la crisis.

Loncos y aimaras me miraron como a prosciutto di Carpena.
El paramédico cual presunto portador de la porcina y
la dulce Rita preguntó: ¿Hello, bonjour
السلام عليكم?
qillaysapa ¿Entender ud. el español?
Yo sólo quería volver
Pero entre el poema y esto –costa yunga duro altiplano
había más que un simple soroche

- Qillaysapa ¿Entender ud?

Rita rió rata pícara de mi acento
Occidental según los esturiones

Repetí Volver como a un estroma Pues salvo en tu cuerpo
no tengo patria ni noción
Occidente es apenas una excusa para
malmirarnos Sombra de Caín

Volver al poema…

Sin que el ADN genere todas estas cosas

INSTANCIA

Somewhere someone is traveling furiously toward you,
At incredible speed, traveling day and night,
Through blizzards and desert heat,
Across torrents, through narrow passes.
But will he know where to find you,
Recognize you when he sees you,
Give you the thing he has for you?

John Ashbery

Y mientras más en el borde Y más…
La crisis ya es algo entrañable Y tanto
que en la vuelta sus límites franquean
los del poema Es la salida
La otra a la trastienda Cieno
Ahí quedan
losreports de la CNN
Ácaros dendritas
Las ahora 3000 víctimas
El fercho
Un cuarto de hora en el reality
Mi capisci Rita mi capisci?
Vuelvo solo e instintivo (Tú siempre estás en el poema
Sus aguas preciosas te reflejan susurrando
¿lo ves mi amor?)

Ya cerca arribo trapo
pero no a morar ahí
El poema es una instancia

Lo vivo está en el viaje

8 mar 2010

EL ARRIBAJE

Maurizio Medo





Desde mi hacer, insisto en el uso del verbo “hacer” en lugar de referirme a una “condición” (la de poeta) como si se tratara de un título o un “status”, me percibo como un reincidente contumaz y, si tuviera que confesarme ante uds. (sin púlpitos ni santos), lo primero que haría, sin pausa o titubeo, sería reafirmar la inconformidad que experimento ante eso que pretendemos entender, que entendemos, como realidad, la que, a veces, me sabe sólo a caprichosa autarquía. Una equívoca. De ahí la necesidad de habitar en otra, paralela: la escritura.
"Cuanto más lejos vamos, -nos dice Rilke- más personal, más única se vuelve la vida”. Creo que la inconformidad es la única vía a través de la cual puedo explicarme el hecho de que un grupo de individuos pueda escribir poesía en pleno desmadre post-histórico. De cara a cómo se nos presentan las cosas –calentamiento global, falta de agua, sismos y desastres naturales, crisis financieras, pandemias etc.- la primera pregunta a insinuarse es ¿Por qué se escriben, por qué escribimos, poemas? ¿Por qué no conformarnos y utilizar el idioma para los fines corrientes y prácticos? ¿No es más útil el libro de Inventarios y Balances que aquellos llamados Trilce o Altazor?
En mi caso la historia comenzó por una suerte de voluntad ajena: mi familia era un poema. Tuve un abuelo turinés —marqués de cuna, bisnieto de Emilio de Ventimiglia, quien –dicen- inspiró a Emilio Salgari para su personaje “El corsario negro”. Huyó de Italia después de la Segunda Guerra, debido a sus creencias políticas, luego de que las tropas aliadas lo liberaran horas antes de ser fusilado. Él –y esto lo digo con orgullo- fue uno de los líderes del movimiento partigano en el norte de Italia. Llegó al Perú y tradujo al español el Tao te king e inició el estudio de las ciencias orientales en Latinoaméricai. Tuve un padre croata, quien también llegó, pero traído a rastras por el suyo, desde la ciudad de Dubrovnik, cuando aún existía Yugoslavia. Desde que el viejo Pétar Medo, mi abuelo, pisó el puerto del Callao, Blajo –mi viejo- no tuvo otro sueño que conquistar Jauja, la tierra de oro. Si bien buena parte de su vida fue a contracorriente de los deseos de su progenitor –para muestra un botón: se doctoró en filosofía- finalmente abdicó y terminó sus días en la búsqueda del “gran negocio”-o con la idea de fabricar ataúdes de acrílico –esto no es metafórico- o con aquella de la industrialización de la cochinilla –cuando no se sabía bien qué diablos era la cochinilla. De más está decir que nunca la fortuna sonrió a sus esfuerzos. Mientras tanto, mi madre, italiana ella, nunca supo explicarnos a qué país pertenecíamos dentro de una casa donde se hablaba español, se gritaba en italiano y se insultaba en croata.

che cosa ci vuoi far, così è la vita …. cantaba madre
bandadas de amapolas volaban por la aurora los gansos tras la verja una vieja canción importa tanto canta pájaro blanco
¿de qué candor es la infancia?
de ella esta rosa sangrienta, el lirio blanco y

LOS NIÑOS: ¿cuándo traerás nuestros corazones del verano?
gritaron contra el poema
los mantenía callados papà papà come si fa?


Si esto hubiera ocurrido en algún lejano punto de los Balcanes, sería fatuidad pura, pero, un momentito, estoy hablando desde el sur de Latinoamérica, más específicamente desde el Perú, el mítico país de “todas las sangres”, donde se escribió “la letra en que nació la pena”. El mismo que, mientras crecía, me iba reclamando pertenencia, un sentimiento que no existía –y sobre el cual aún asaltan las dudas.
Así llegué a la pubertad.
En lugar de interrogarme, como la mayoría de pre-adolescentes sobre dónde y cómo venimos (sí, los viejos cuentos del repollo, París y la cigüeña), mi conciencia tenía otras prioridades. Lo que ansiaba saber era ¿adónde habíamos llegado? Aunque nací en Lima siempre tuve la impresión de ser un “proveniente”, ni siquiera del otro lado –y ni siquiera de la mar-, como era el caso de mis abuelos y de mis padres, sino desde una suerte de limbo o de mundo paralelo. La casa no ayudaba. Sus confusas voces hacían que todo resultara aún más complejo. Aparte de las tres lenguas (italiano, croata y español), mi nana, María Cruz García se llamaba ella, no dudaba en hacerme confidencias en quechua, su lengua natal. Un pandemónium. Y en tal caos había que estar alerta. No me interesaba sólo por conocer las cosas que me rodeaban, sino por saber y degustar cada uno de sus nombres, precisos y particulares, sus colores y aromas. Ocurría que, por ejemplo, flor, en mi casa, se decía también fiore o cvijet (dependía del estado de ánimo y de quién lo dijera) pero sólo en nuestros parques podían encontrarse, olerse y tocarse esterlicias, acacias y malvas. Como lo hizo el viejo Parra - Comuníquese, anótese y publíquese/ Que los zapatos han cambiado de nombre:/Desde ahora se llaman ataúdes- para mí las flores comenzaron a llamarse sólo y simplemente esterlicias. El sonido de algunas palabras me cautivaba. Los pájaros pasaron a ser alipálidos, las nubes, núboles. Los sonidos se fueron transformando en generadores de sentidos con qué enfrentar y qué decir –para decir- a la realidad.
Mi nonno (sí, el presunto descendiente fugitivo dil signor di Rocabruna, de Salgari) representaba a la sabiduría. En su estudio (debo decir que él además también fue poeta, publicó un par de libros, uno de ellos prologado por su maestro, Benedetto Croce, La Cetra se llamaba) Uno ahí podía encontrar textos incunables en sánscrito, chino y sólo dios sabe en qué idiomas. El nonno hablaba once, lenguas muertas incluidas. En aquel recinto- casi un templo- sobre un atril de caoba, de esos que encontramos en el altar de algunas iglesias, descansaba un libro voluminoso. Parecía que este custodiara celosamente el lugar. Su lomo era de color granate oscuro y mostraba el título grabado con relucientes letras en pan de oro. La edición era de 1932. Incluso desde antes de saber leer me aproximaba a él con sumo cuidado –en la infancia 1932 es igual a siglo XVII. Lo que me subyugaba, aparte de su ubicación privilegiada, eran sus dibujos. Mostraban escenas terribles pero que eran, al mismo tiempo, tan perfectas que uno no podía hacer más que admirarlas intuyendo que, en cada una de ellas, estaba la mano de lo sagrado. ¡Qué duda¡ en aquél libro- cavilaba en ese entonces- estaban las Sagradas Escrituras. Tal vez dos años después de esta revelación, en el colegio – estudié en un colegio jesuita- se nos mencionó la palabra “biblia”, como el libro donde pretendidamente se nos revelaba mi hallazgo. Ahí comenzaron los problemas. Yo creía que ese libro, en cuyo lomo se había inscrito otro título, era denominado popularmente así, la “biblia”. Cuando el Padre Espiritual preguntó quién de nosotros había leído ya, al menos una vez, algo de las Sagradas Escrituras y era capaz de recordar una parábola, o cuando menos un pasaje de alguna, púseme en pie y declamé orgulloso: Del camino a mitad de nuestra vida/ encontréme por una selva oscura,/ que de derecha senda era perdida. No tuve tiempo de referirme a la parábola- en ese entonces no sabía en realidad qué era una parábola- de Francesca Di Rimini, ni a la belleza de Beatrice Portinari. Y casi el suficiente para ocasionar una muerte por asfixia, pues el Padre Vicente, un afable octogenario, no podía ni respirar por causa de tantas carcajadas. Hoy puedo afirmar que La Divina Comedia para mí fue siempre un libro sagrado, aunque no aquél sindicado por el catolicismo.
Quizá por el ánimo de reivindicar su condición –me parecía inaudito que La Divina Comedia no se asumiera como el libro sagrado, quizá por el de escribir uno que pudiera ser, siglos después, así considerado, diariamente garabateaba viñetas y dibujos. Escribía pequeños textos, a veces alusivos a esas ilustraciones, en otros puros mamotretos carentes de sustento, donde el italiano y el español, fundidos como una sola amalgama, se rompían a través de una expresión quechua o croata. Reunía “mis lenguajes” como en un bestiario, muchas veces, la mayoría, sin ton ni son, y cuando quise detener esta práctica ya fue demasiado tarde: en las imprentas de Jaime Campodónico – allá en la calle Chavín- estaba recién horneado mi primer libro: Travesía en la calle del silencio. Era el año 1988. Cinco años antes, la caída de los precios de los metales inició una preocupante crisis económica, reflejada en las dificultades para el pago de la deuda externa y un fuerte aumento de la inflación y la devaluación del sol, casi simultáneamente arreciaron los primeros fuegos de la guerra interna, que cesarían “oficialmente” en 1992, pues aún continúan. 1992 fue el año de la captura de Abimael Guzmán. Entre las fuerzas sediciosas y las fuerzas oficiales al mando de otro reo, el dictador Alberto Fujimori, dejaron 70,000 víctimas, entre muertos y desaparecidos. Por ello, los poetas de mi generación escribimos entre cadáveres.
Mientras campesinos inocentes morían en los poblados rurales de Chuschi o Huanta, en la casa se hacían y deshacían planes de emergencia. La eterna posibilidad había sido migrar. Podía ser Italia, aunque sin los fastos de las viejas propiedades. Yugoslavia aún nos ofrecía la vieja casa familiar. Justo cuando mi padre terminó de animarse para emprender el retorno, volveríamos a la casa de los Medo en Dubrovnik, se inició el conflicto armado entre croatas y bosnios. No hubo así más Yugoslavia. E Italia se vino abajo pues mi nonna llegó a la conclusión de que aquella, la de sus recuerdos, nada tenía en común con la del imperio de la Fiat. No había más dónde partir y, en un plano más íntimo, adónde pertenecer. Si el Perú desangraba herido mortalmente por las huestes terroristas, Yugoslavia era una recién difunta. Había que encaminarse pero el Perú no es un país fácil, amigos, menos para un hijo de inmigrantes. Los hijos de inmigrantes crecemos a la par con la melancolía por lugares que, pese a quererlos, sabemos que no nos pertenecen y que nunca sabremos cómo fueron en realidad. Lo que experimentaba, esto era muy profundo, no era nuevo, otros ya lo habían vivido y nos dejaron su testimonio. Por ejemplo el poeta Emilio Adolfo Westphalen escribió: Por mi situación de descendiente reciente de familia de tres emigrantes (de mis cuatro abuelos sólo mi abuela paterna había nacido en el Perú) me sentía como en cuarentena permanente, reo de no estar integrado y no compartir las tradiciones, mejor dicho, los prejuicios e intereses de las clases dominantes.
Como él me descubrí un outsider dentro del concepto de una cultura, la peruana. ¿Cómo hacerme ahí de un espacio en dónde mantener “vivas” a las mías? Fue ahí que asomó, con la luz de la revelación –una muy semejante a la de algunos años atrás con el libro de il Dante- y también con todas las mezquindades de lo cotidiano, la poesía. Había publicado, es cierto, pero en base al error –el primer libro usualmente es eso. Pude vislumbrar que ahí, donde abundaba la letra chata de aprendiz, podía construir un espacio, uno que permitiera a mis culturas de ser “anfibio” encontrarse y dialogar, generar sentidos aberrando desde la dicción o el sonido.
Sin embargo, al asomar a la masa ígnea, plural y vasta, denominada poesía peruana, encontré en diversas antologías de bolsillo y fascículos coleccionables, todos llenos de erratas, fragmentos de poemas que versaban lo conocido desde un lenguaje más conocido aún, casi constelaciones de eslóganes. Yo buscaba otra cosa. Inclusive me sentí más cercano a las letras que, en esos años (quizá los más fecundos para el rock en español) se podían oír a través de la frecuencia modulada: “tu imaginación me programa en vivo,/llego volando y me arrojo sobre ti,/salto en la música, entro en tu cuerpo… “cometa halley, copula y ensueño. Por ello no es de extrañar que fuera a través del rock, y a su movida subterránea, que conociera a uno de los poetas peruanos que más respeto y quiero: Róger Santiváñez, en aquellos años, manager del grupo subterráneo Leuzemia y yo, algo menor que él, aspirante a letrista de la diva María Teta.
Decía que buscaba otra cosa pues en esos años el estilo conversacional, iniciado con los poetas denominados como “los Rupturistas del 68”, y asumido, luego, por los de “Hora Zero” –muy cercanos a los infrarrealistas- a través de una concepción escritural llamada "poesía integral", no cesaba de introducir en los poemas los materiales más inmediatos: los sonidos de la calle, los murmullos de la ciudad o los recuerdos del terruño, mientras proclamaban por medio de manifiestos la decadencia de la poesía anterior, la de los Rupturistas, ergo la misma, pero bajo otros escenarios.

No hay conjuros, Calibán.
Sólo fruición
(batuque y candombe),
donde el lenguaje
refalosa y se contrae.

Jamás se extingue.

Su mar novela tempestad,
y vírgenes que preñan.

La belleza reengendra,
terrible inmortalidad.

Conjuro es aquello que siempre
se está por pronunciar.

No un legado simbólico,
en deriva por las aguas
del inconsciente colectivo

Ella espantó
(- ¿Es esdrújula o aguda?)

La novela resultábale profusa.

(-¿Dijo usted?
- Sí, la realidad.)

Poesía afuera,
la piedra más dentro de la marea
que en el espigón.
Saliente entraña,
y, a la vez,
hondura de caracol.

El lenguaje, qué furor sobre el agua,
abluce el ser en el estar
hasta reemerger,
sismo de sonoridad:

Trópico y palabra
de nadie.

Creo yo, y esto explica un poco mi desánimo de aquel entonces, que uno busca en la poesía –en los poemas- algo que no sea totalmente la realidad –para eso están los diarios colgados como piernas de jamón en los cordeles de los kioskos amarillistas. Quienes encendieron las primeras señales para poder aterrizar, y por ende escribir, en esa aldea fueron Martín Adán, Javier Sologuren, Emilio Adolfo Westphalen y luego Carlos Germán Belli. El orden no es aleatorio. Tuve la dicha de conocer al primero y ser amigo personal de los otros nombrados. Gracias a ellos perdí, o mejor dicho, nunca me planteé la idea de una militancia generacional –una de las obsesiones de la crítica peruana. Incluso alguna vez me declaré abiertamente como “degenerado” (declaración que, a la postre, apareció en un periódico cuya página cultural era contigua a la policial, EL APÁTRIDA DEGENERADO, rezaba el titular y por la expresión del rostro que exhibía en la foto respectiva, cualquiera dudaba si mi presencia ahí era por mérito o por delito)
Pasa algo en la poesía peruana, al menos lo creo. Si descolló en la vanguardia (basten Vallejo y Adán) mantuvo esa brillantez hasta los años 50 (ahí están Eielson, Belli y Varela) Ninguno de estos poetas es fácil, por el contrario, tienen en sus poemas algo “indomesticado”, diría Montalbetti. Sin embargo la generación ulterior, hace un rato mencioné a la de Los Rupturistas, tuvo la imperiosa necesidad de diferenciarse de ellos, entonces esa libertad de la forma- tomada a los concretistas (Eielson, por ejemplo); al barroco (Adán o Belli) o a lo antipoético- fue sustituida por el conversacionalismo, uno muy próximo al del “británico modo”, más tarde peruanizado. Y más tarde aún llevado al extremo hasta constituirse en un callejón sin salida, un remake, un formato, uno que ya no es suficiente.
En el Perú se escribe magníficamente pero esto no basta. Escribir “bien”, entre comillas no asegura una buena poesía. Los autores que rompen el modo de lo conversacional, ése, son sumergidos en los ríos, que nunca irán a dar a la mar. Es decir, en lo insular. (Montalbetti, López Degregori, Chocano, Santiváñez son algunos. Sólo Hinostroza, quien es el autor con mayor influencia entre los novísimos, pudo alcanzar la otra margen) Mi poética estaría dentro de esa línea. En buen cristiano, estoy jodido. Mi apuesta va por la escritura de un libro único.
Si creyéramos, como señalan, en la existencia de dos tipos de escritura, yo no lo creo, una lineal y transparente – la conversacional- y la otra sinuosa –aquella no conversacional, o bien barroca, neobarroca, neoberraca o concreta, convendría también diferenciar dos clases de concepciones. Está aquella cuya apuesta va por el poema, por los poemas, y esa otra en donde todos éstos se disuelven para fundirse dentro de una misma obra. Estoy en esa línea, lo que me hace estar doblemente jodido porque escribir una obra, una sola, va contra los intereses de la estética posmoderna: residual, fragmentaria, desechable, perfomática y mediática. Tal posibilidad, usualmente se trata de un libro imposible como aquel borgiano “libro de arena”, amén de situarme en la orilla contraria a la de los intereses de las grandes editoriales, de las antologías –en donde, sí, cosa rara, aparezco- y de los premios literarios- que sí, curiosamente, he obtenido- escribir para mí implica volver a decir el mundo tal y como lo aprendí –que vuelen los alipálidos, otra vez, entre las núboles sobre mantos de cvijet- con ese lenguaje, torcido, inestable, desestructurado. Así comencé a oír sobre él. Al expresarlo de esta manera estoy reafirmándolo, y con él a la vida, a la identidad y a la memoria. Para mí la poesía es esa especie de erosión, a la vez esencial y fugaz, del pensamiento. Centuaro, la llama Pound. La facultad pensante, estructuradora y aclaradora de las palabras –decía- debe moverse y saltar con las facultades energizantes, sensitivas y musicales.


TACET

El silencio es solamente el abandono de la intención de oír
John Cage


para qué partituras el becuadro de bulla liga grito y grito pausa
64 semifusas mientras la zzzzz fricativa
de una mosca zumba en el prana
meditaciones cartujas mantras bengalíes
… y todo lo que se emprenda contra el ruido
cedámosle la voz desaprehensivos hasta que hoce convulso en el sentido
eso hizo el viejo cage 4’33’’ (tacet tacet tacet) en lo absoluto
pretendo poblar con blancos lo ya blanco con preclaras cofradías de sopranos ni anteceder al eco, primigenio
(ni sé bien cómo caí
de cara aquí)
salvo para situar el sonido de un motor – ford 93
como un grafema antepuesto a la palabra sor
el sonido de un motor de 250 HP ante ninguna garita de control y
contrapuesto a violín salvo, decía, para tildar
mística con el disparo de una colt y tronar los dedos
apurando toda vibración
tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet

contra la muerte


La publicación de un libro es sólo orden. Limpieza. Ecología. La escritura está más allá. En la mía intento que hablen tanto la tradición como las culturas, a las que pertenezco: la italiana, la eslava, la limeña (limeña no es peruana) y las voces con las que balbucea Arequipa, al pie de sus volcanes. Intento también que hablen otros, todos importantes para mí: Viel Temperley, Belli, Gamoneda, Martínez, Zurita, Benavides, Kozer, García Valdés, Sarduy, etcétera, etcétera. Son las islas que visito para, en algunos casos, trocar símbolos y volver luego a la mía. Para mí eso escrito obra de modo tal que reconstruye una identidad, en este caso la mía, y a veces, también, la reinventa. Es la sombra de un hecho: la vida misma.

Entonces convengamos El poeta
(y al acecho) sobrevive (nunca
más) Fuera de nosotros Nuestro
su nudo –curvado límite del aquí
con el dentro del poema Y el deseo
(o el horror –salto al vacío)
de estar (o no) del otro lado
Acá se está A secas
Simplemente Si p.e. un hombre rueda
insomne por el catre Un hombre rueda
No importa Cuándo
Si aro anillo arandela
en la cuesta de qué duna
o sabana Río
Rueda
Si piensa (o no)
Simplemente rueda

Allá si rueda ala u ola al ras
Un homme roule for the cot
E insomne de nadie mudra
en su propias celosía
Acá a secas El lenguaje es el sujeto
de la lógica Del hecho
Nunca del deseo (que miramos) girar libre
(atrás del nudo) e incluso atroz
en su albedrío
Hasta rodar
Insomnes por el catre
Y nunca sin recordar
Cómo
Se rueda
Hoy, de la vieja casa tengo sólo una edición de “La Divina Comedia”. Pero ya no importa. Luego de muchos años, puedo decir que pertenezco. Cada día, cuando escucho a Ludy, o simplemente la contemplo, casi distraídamente sin que ella me descubra o, por qué no, discutimos, luego, hablando conmigo mismo, me repito en silencio: hoy tengo un hogar.

23 ago 2006

RUSTICATIO
Por: Maurizio Medo*
¿Qué tienen en común el verso Cara Parens, Dulcis Guatimala - Patria querida, dulce Guatemala - escrito por el poeta guatemalteco Rafael Landívar en 1731 con una revista virtual, gestada en el 2006, por su compatriota Alan Mills?
Ambos están unidos en la idea que encierra un nombre: Rusticatio -adjetivo que, como el mismo Landívar advierte, era utilizado por los europeos para referirse a todo el reino de Nueva España. Rusticatio puede entenderse como recorrido, viaje, ruta, etc. Si la Rusticatio Mexicana de Landívar, compuesta en el Siglo XVIII, comprendía territorios como los lagos de México, el Valle del Jarullo, en México, y las cataratas y Nicoya, en Guatemala, la Rusticatio, ésta otra virtual, de Mills, si bien se nos aparece desde Guatemala, no registra en su travesía un territorio geográfico, si es que es la de un territorio. Su articulación es opuesta a la geográfica pues supone en sí una ruptura con la ideología de aldea – limitada por sus fronteras – para intentar un mapeo no desde un lugar sino desde la abolición de este: la poesía. Es mejor oír a Mills:

La idea nació cuando visualicé (a través de charlas con amigos poetas latinoamericanos) la necesidad de crear un espacio donde pudiesen fluir las poéticas actuales de América Latina, desde una plataforma crítica y con una relación problemática frente a nuestra posible tradición común. Pasa que viajé a muchos festivales internacionales de poesía en los últimos dos años, y siempre al final de cada encuentro me quedaba la sensación de que Guatemala estaba desconectada de lo que sucedía en el ámbito poético en el continente.

Y ahora debo hablar en primera persona. Fue por esta idea que Jorge Solís, fino poeta y agudo crítico mexicano, y este peruano del Perú que ahora suscribe, fuimos convocados a integrarnos como editores del norte y del sur latinoamericanos a fin de contribuir a lo que consideramos esencialmente como un diálogo. Nuestros países tienden a desconocerse en cuanto lo que son sus “rutas poéticas”. Hay una suerte de cerrazón editorial, de cascarón ideológico que nos induce a curtir en ombliguismos sistemáticos en los cuales nuestros “hitos nacionales” son leídos a guisa de insustituibles.

Yo no creo que aún Rusticatio constituya una plataforma crítica, como es nuestro propósito, sí un medio de divulgación a través del cual el lector dominicano, argentino, paraguayo, etc., descubre que su originalidad en ser, y por tanto en escribir, asoma con una serie de vasos comunicantes con sus otros. Creo que Rusticatio se constituye en la posibilidad de reflejarse no sólo en nuestros Espejos de Narciso sino en verse dentro de otra mirada, mayor: la de una probable tradición que nos hermana. Y es desde esta tradición, donde asoman en simultáneo Diego Maquieira, Edmundo Wilson, Raúl Zurita, Jorge Kanese, etc., que asoman las firmas de Rodrigo Flores, de Julio Serrano, de Amalia Gieschen, de Ernesto Carrión o la de Héctor Hernández. La tradición de la poesía latinoamericana no puede supeditar su desarrollo a las orquestaciones canónicas. Va más allá. Rusticatio pretende convertirse en un espacio para esa renovación. No somos, ni Ud. ni yo, quienes también formamos parte de Rusticatio, un medio oficial. Por el contrario, representamos la idea de que la poesía latinoamericana persiste en su gestación no en un centro ni en una margen – instituida como bastión de resistencia a la oficialidad – sino desde un no-espacio.

Es el mismo lugar en el que se celebran encuentros como Poquita Fe, Estoy Afuera o el Novíssima Verba. Festivales organizados en Chile, en México, en Perú. Es cierto. Como también lo es que esos espacios son, más que geográficos, terriblemente humanos; que no existirían sino a través del encuentro de los poetas que los protagonizan.

En nuestro primer número participamos juntos en la poesía de La Novísima chilena; en este segundo hay un pequeño zoom a la que se viene escribiendo en el Perú – desistimos de continuar presentándola vía las parcelas. Así si en nuestra primera entrega – pronto en PDF recargable – Ud. podía acercarse a Raúl Zurita a través de la entrevista de Amalia Gieschen, en ésta el buen oficio de esta poeta y periodista argentina nos permite dialogar con Leonidas Lamborghini. Si en nuestra primera entrega leímos un adelanto del libro de Alan Mills, Síncopes, en esta segunda podremos compartir Sakra Boccata del poeta peruano José Antonio Mazzotti. Esto y más.

Creo que la mejor manera de informarse es asomar a: www.rusticatio.com/rusticatio

La cena está servida.
*Maurizio Medo, crítico y poeta ítaloperuano.