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1 ago 2006

Reseña
MACHETE RABIOSO Y SU PROYECTO EDITORIAL

Machete Rabioso Editores, con su colección “Mano Armada” aparece como una propuesta interesante en la ciudad de Quito; ciudad de por sí atiborrada de publicaciones “oficiales” e inaccesibles para el bolsillo del lector. La asfixia en nuestros países latinoamericanos de un mercado editorial mexicano y español ha obligado a jóvenes poetas a buscar salidas alternativas.

Muchos de estos jóvenes, la mayoría quiteños, son ex-talleristas de Edwin Madrid; y aunque algunos de ellos constan en antologías realizadas en el Ecuador, el conocimiento de sus obras es casi nulo. Aprovechando el marco del I Encuentro Latinoamericano de Poesía “Garganta Profunda”, con recitales celebrados en variopintos lugares de Quito (Parada de trolebús Villaflora, Cine porno "Hollywood" y en el Bar cultural "La Mulata de tal") por los Machete Rabioso, Látigo Red y Fe de Erratas, pudimos conocer el proceso editorial por el que están atravesando. Está de más decir que la colección “Mano Armada” es de una edición manejable, bastante barata y agradable al lector. Han publicado hasta el momento autores como Christian Arteaga, Fernando Escobar, Carlos Luis Ortiz, Walter Jimbo, Enver Carrillo, Samuel Tituaña, Marcelo Villa Navarrete; y de próxima aparición sabemos habrá una reedición del libro “Celebriedad” de Edwin Madrid. Festejamos esta iniciativa, esta propuesta editorial, que irrumpe en un medio donde cada uno tiene que abrirse camino a “machete” para lograr publicar, o a veces acceder a premios que contemplan la publicación. Estas iniciativas son fundamentales para el enriquecimiento del futuro de la poesía nacional. Las riñas personales e injustificadas, las mafias editoriales, al igual que la autogestión solamente encaminada a privilegiar a grupúsculos, han dejado casi empantanado este camino necesario para conocer nuestra poesía nacional y la de los países hermanos.

WALTER JIMBO, de la Voz del Impostor

UNO (fragmento)

Cómo hablarles de ella y de la esponja rosada que le bailaba en la boca, de la tumba de manzanas que guardaba en el armario de su pecho. De un solo manotazo me azotó el demonio de la lujuria para esta y otras vidas, para este y otros horizontes. Yo detrás de ella, cruzando el umbral, reventando las burbujas que nos estorbaban el paso, cerrando la puerta, resguardándola con leones, evitando que las estrellas y sus melodramas naveguen por las cicatrices de nuestro río. Los dos en un túnel de espuma, rezando a los dioses de cuatro patas, a los paisajes que luego quedaron cortos, rezando con movimientos tibios, abrigándolos en las chimeneas de nuestros pechos. Ella y yo, yo y la vía láctea deslizándonos en su cintura, en el extremo opuesto de su risa, en el lado derecho de sus peces de colores. Mi monte nublado, mis líneas de la mano mudas, arrimándome a la culpa por seguir lamiendo su sombra, la ola que se regaba desde sus axilas tiernas…

CHRISTIAN ARTEAGA, Y el Destierro nunca será el mismo

QUITO

La asfixia me arropa, ciudad desentiéndeme

de tu cansancio.

Estuve mirando desde un salón como

se pudre el mediodía por tu caravana

de hormigas públicas.

Aunque el resquemor de perderte me

hinque en tus calles, lengua de brea.

Cuando alumbra el sol, tu hocico

es una ventana por donde se observa

las huellas del colibrí

somos un matrimonio pasado por el azogue,

vivimos para hacernos felices a la fuerza.

FERNANDO ESCOBAR PÁEZ, Los ganadores y Yo

SOLO ESO

Se trata de no escuchar

el ruido de mi propia cabeza,

nada más.

Reducir obsesiones y fracasos

a simple caligrafía,

palabras inofensivas

de las que me puedo burlar.

No hay profundidad

No hay estética

-si lo hay es solo por accidente-

solo un tipo cansado

de escucharse a sí mismo.

Solo eso.

MARCELO VILLA NAVARRETE, Brújula de polvo

cuando tenga un hijo/ habrá un sol ocultándose de mi ventana/ y quizás porque ya no seré/ la única sangre derramada por el mundo/ cada día se alternarán/ la dicha y la agonía/ qué podré decirle a mi hijo/ sobre la guillotina del tiempo/ la miel silvestre de las caricias/ o los verdugos que acechan nuestras espaldas/ tendré que dejarle caer/ sobre una almohada de agujas/ o sobre un abismo de pétalos/ será otro jinete embistiendo la noche/ y no tendrá más alternativa/ que deambular con su brújula de polvo
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