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30 ago 2006

Federico García Lorca:
De Poeta en Nueva York a Romancero Gitano
(epidermis sobre la condición impresionista)



Por : Wladimir Zambrano

Varias veces en la historia de la civilización, se ha mermado el objetivo de una obra artística bajo el yunque de los intereses políticos o ideológicos de turno (o en el peor de los casos, debido a la inexactitud historiográfica). Ese es el caso del poemario Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, que ha sido malinterpretado como una protesta exacerbada contra el régimen capitalista así como al imperialismo norteamericano. Connotación de origen socialista que fue planteada por algunos revolucionarios de la República Española, debido a la inclusión de Lorca en la Generación del 27, mal llamada “Generación de la República”. Por ello, no es difícil encontrar publicaciones que lo erijan cono uno de los mártires del ya fracasado proceso revolucionario o su militancia clandestina. Hoy, después de muchas discusiones entre intelectuales apocalípticos y poetas integrados, rezagos biográficos y correspondencias extraviadas, sabemos que fueron razones de índole personal las que llevaron a concebir tan genial obra, al maestro de Granada.

Trataremos de aclarar esto respondiendo a dos preguntas: ¿Cuál fue el motivo real que agrupó a los escritores en torno a la llamada “Generación del 27”? y ¿cuáles fueron las razones que configuraron la atmósfera creacional de Poeta en Nueva York?

Primero
1927 es el año en que se cumple el tercer centenario de la muerte de Don Luis de Góngora y Argote, célebre poeta barroco y una de las figuras señeras de lo que la historia ha llamado el "Siglo de Oro Español", y para algunos tardo-renacimiento.

1927 es el año en que se realizan los homenajes a Góngora (recitales, conferencias, reediciones) y la creación de La Gaceta Literaria, que sería el pódium para todas las producciones del grupo, que nunca pasó de ser un grupo de amigos escritores, preocupados por la difusión de las artes y la cultura (cuyo equilibrio siempre hara malabares entre lo barroco y lo popular).


Los miembros de la llamada “Generación del 27” Aleixandre, Cernuda y el mismo Garcìa Lorca,jamás plantearon manifiestos o pretensiones extra-literarias(a excepción de Alberti, claro está,quien hizo de su vida y su poesia una militancia ejemplar). Lo que ellos tenían en común(en mayor o menor medida) era que todos admiraban a Góngora y el extraño destino de su criptografica escritura.Aprovechando en los homenajes la oportunidad para realizar un rescate literario y fundar un nuevo espacio de difusión y critica literaria.

Lo que en Lorca y sus compañeros fue admiración por la ampulosidad estética y el sensorialismo extravagante y musical de Góngora,estaba muy alejado del sentimiento de ruptura, pragmatismo y crítica política que caracterizó (entendido en un sentido amplio, si es que existe tal) a los socialistas de la República Española.

Segundo
Cuando García Lorca publicó en 1928 su Romancero gitano, pasó de ser un genio de las elites españolas a poeta de fama mundial. León Felipe lo llama en la prensa el “monstruo lírico del siglo XX", pero algunos círculos intelectuales señalaban que la repentina popularidad del Romancero era clímax y parte final de un discurso gitanesco, que había mostrado sus primeros pasos en el precoz Libro de poemas (1919-1921). Además, la etiqueta de poeta gitano -que tanto disgustaba a Lorca- se había expandido por todos los ambientes literarios y ya no había carta o comentario en que no se refirieran a él de esa manera. “La súbita popularidad terminó por deprimirle. Se veía con la etiqueta de poeta gitano, y la etiqueta le desagradaba…Conviene recordar que en los círculos madrileños se sufría por aquellos años una psicosis de preguerra. Temores y conversaciones de una futura conflagración mundial en la que gases y microbios acabarían con la civilización europea…Su estado de ánimo al salir de España choca con el mundo neoyorquino. Resultado: hipersensibilidad de todos los temas y subtemas, violenta deformación de los símbolos con ellos relacionados, de los recuerdos personales y la experiencia vivida". [1]

Así, el poeta se embarca -deprimido, hastiado- con destino a Nueva York para permanecer un año (de 1929 a 1930) en la residencia de estudiantes de la Universidad de Columbia. Se suponía que el viaje era para la distracción y el descanso, un escape a las disquisiciones intelectuales del ambiente madrileño; pero al llegar, Lorca se topó con una ciudad devastada. La "Gran Depresión" (poblada por fábricas grises, suicidios, prostitutas, desempleados y delincuentes) le enseñó a doblar su viaje de descanso en una maleta rabia:

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

La aurora. De Poemas de la soledad en Columbia University


Es muy importante valorar el hecho de que la aurora, que representa las primeras horas del sol, está cubierta o resguardada por “cuatro columnas de cieno”, que nos aluden directamente al humo de las fábricas en Nueva York y en un mayor sentido a la superficialidad hiperbólica en la que viven las grandes urbes. Porque cual es la función de las columnas sino sostener. Y ¿Cuál es este cieno entonces que puede aguantar al día?... Preguntado esto, Lorca nos afirma una suerte de condicionamiento impresionista en relación con el cielo que observa. Esto se une y da sentido a algunos versos del primer poema del libro:

Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
(…)
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero

Tropezando con mi rostro distinto cada día.
¡ Asesinado por el cielo !

Vuelta de Paseo. De Poemas de la soledad en Columbia University

Es el cielo gris el que lo asesina en el mundo onírico, remueve y obliga a bajar a través de las columnas de cieno hacia el otro, el desdichado… Pero este es un desdichado que no es asumido como un igual en su dimensión política, sino como alguien en quien la desdicha (la del poeta), personal, íntima, se expande y alarga para usarse como material de la precariedad humana. Y es por eso que los temas aquí se basan: en los mas marginal y oscuro de la vida neoyorquina. Todos los vicios cobran fuerza en él para desdoblarse en la imagen del egoísmo social, más no en el discurso economicista de la desigualdad de clases (como sí ocurre, por ejemplo, en Coplas a Juan el panadero de su contemporáneo Rafael Alberti). Marginados, prostitutas, niños y mendigos debieron causarle desolación como a cualquiera; pero en el fondo, son la excusa que utiliza Lorca para renombrar su tema central: El hombre parte de las babilonias para encontrarlas en si, mucho más organizadas, pulcras y puras que en el mundo externo:

Las tres ninfas del cáncer han estado bailando, hijo mío.
Trajeron unas montañas de lacre rojo
y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido

Paisaje con dos tumbas y un perro asirio. De Introducción a la muerte
(poemas de la soledad en Vermont)


y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

Ciudad sin sueño. De Calles y sueños 
Debemos caer en cuenta de que el trabajo de este genial artista nunca fue de índole política. Cuando el 18 de julio de 1936 comienza lo que sería la Guerra Civil Española, Lorca se va a Granada, no sin antes decirle a su amigo Rafael Martínez Nadal: “Me voy porque aquí me están complicando con la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada .Soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje. Me voy a mi pueblo para apartarme de la lucha de banderías y de las salvajadas”.
*
Definitivamente, todo análisis de esta obra y del poeta sería diminuto en relación con el universo creacional que este significa. Al cumplirse el septuagésimo aniversario de la muerte de Lorca (16 de agosto de 1936), escribo estas líneas pensando en que sirvan para subrayar en algo, lo que el poeta defendió en vida: la independencia del arte, que atraviesa la realidad para reencontrarse con la pureza. No en vano, Lorca nos dice

No preguntaré nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas.

[1] Rafael Martínez Nadal. Autógrafos, Federico García Lorca, Oxford, Dolphin Book Co.Ltd, 1975.
* Lorca en la Universidad de Columbia